Cyrano de Bergerac


Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac

Hay grandes óperas y óperas grandes. En mí opinión Cyrano de Bergerac, compuesta por Franco Alfano y estrenada, tanto en su versión francesa e italiana, en 1936, responde a la segunda opción.

Alfano, heredero de diversas tendencias desde Puccini a Debussy así como cuarto y mitad de Wagner, tenía muy claro que parte del éxito de sus obras dependía de las posibilidades de los intérpretes. Con ello no ahorraba opciones al lucimiento de los artistas. Con este objetivo, el compositor estaría feliz si pudiera contemplar la producción que presenta el Teatro Real durante el mes de Mayo.

El argumento ya lo conocen: las aventuras de un personaje real dotado de una nariz deforme que las novelas y la ópera han situado fuera de su época pero que respetan su carácter de poeta pendenciero y acomplejado por su aspecto.

Este famoso personaje está interpretado por quién puede dar mayor realce a la obra: Plácido Domingo. Para mí la figura más importante e influyente en el mundo lírico de hoy. Plácido es Plácido. Un auténtico placer verle y escucharle y espero que sigamos así muchos años. A su alrededor se construye esta ópera grande, con suntuosos decorados, cinco cuadros impresionantes y un amplio movimiento escénico debido al Director Escénico rumano Petrika Ionesco.

En el apartado musical, descontado el bien hacer de Plácido Domingo que se luce tanto en su faceta de cantante, músico y actor, me encanta señalar el buen momento de Ainhoa Arteta, que venía para representar dos funciones y debido a la  enfermedad de Sondra Radvanovsky, que era la soprano anunciada, puede que represente alguna más. Ainhoa viene de interpretar a la famosa Roxane, el amor de Cyrano, en San Francisco. También quiero resaltar el magnífico nivel alcanzado Pedro Halffter del cual cabe esperar, debido a su juventud, todavía grandes sorpresas.

Tal vez para ser un “operón” como Dios manda, Cyrano no tiene ballet. Pero contiene duelos de esgrima que lo suplen con acierto y espectacularidad. Todo lleva implícito el concepto de ópera grande para todos los públicos. Incluso influencias escénicas de algún famoso musical, como algún cuadro que recuerda a “Los Miserables”.