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Casa de Zorrilla, entre la historia y el misterio

El bicentenario del nacimiento de José Zorrilla es una buena excusa para visitar su casa natal, un lugar lleno de atractivos recuerdos y fantasma incluido

Casa de Zorrilla en Valladolid.
Casa de Zorrilla en Valladolid.
Casa de Zorrilla, entre la historia y el misterio

Este es el año de José Zorrilla. Nacido en Valladolid en 1817, el autor de Don Juan Tenorio fue seguramente el autor español más famoso de su tiempo. Su biografía está plagada se episodios extraordinarios y sucesos insólitos, entre los que se cuentan encuentros con fantasmas y aparecidos.

El año en que se conmemora el bicentenario de su nacimiento, una visita a la Casa Museo de Zorrilla en su ciudad natal parece una cita obligada. En la calle Fray Luis de Granada (antigua calle de la Ceniza) de la capital castellana, cerca del Museo Nacional de Escultura, hallaremos la casa donde vivió el escritor durante su primera infancia, en algunos momentos esporádicos de su vida y cuando regresó de México, tras residir varios años en el país azteca bajo la protección del Emperador Maximiliano I. 

Cruzando la puerta del solar donde se ubica, hallaremos un agradable jardín de estilo romántico con caminos empedrados, cipreses, rosales que recubren el cenador, un pozo cuya utilidad es ya solo ornamental, arcos de piedra colonizados por enredaderas y otros elementos que le confieren un encanto especial, a pesar de sobrevivir flanqueado por las fachadas de los edificios colindantes.

Como cualquier otra Casa Museo dedicada a recrear y rememorar la figura de un autor desaparecido, las habitaciones están llenas de muebles y objetos que nos trasladan a la época en que vivió Zorrilla. Las pertenencias del escritor que podemos admirar fueron donadas por su segunda mujer, Juana Pacheco. En el interior la decoración propia del romanticismo está presente en todas las habitaciones. El comedor, una llamativa cocina, retratos ajados, cuadros con la figura del dramaturgo, libros antiguos, salones con diversos instrumentos musicales (arpa, pianos…) y los dormitorios con su correspondiente palanganero. En el dormitorio principal es posible atisbar la cama donde nació. La cama conserva aún las ruedas originales de las patas para poder moverla.

Cama donde nació José Zorrilla

Entre las diversas piezas que pueden observarse llama nuestra atención la austera mesa y la silla donde trabajaba el célebre dramaturgo y en la que, según cuentan, murió mientras estaba escribiendo en su casa de Madrid, situada en la calle Santa Teresa. Muebles que le acompañaron a lo largo de su vida y en varios de sus viajes. Ambas están colocadas frente a la pared, para que nada distrajese a la inspiración, y situadas al lado de una ventana por donde entra la luz desde la izquierda.

Mesa de trabajo de Zorrila

Un valioso objeto que se conserva en esta Casa es la máscara mortuoria que hizo en yeso el escultor Aurelio Rodríguez-Vicente Carretero. La máscara fue utilizada por Carretero para elaborar el monumento en bronce y granito que se erigió en honor a Zorrilla en 1900, y que hoy podemos ver en la plaza vallisoletana que lleva el nombre del escritor junto al Campo Grande. El monumento se construyó a iniciativa del Ayuntamiento de la ciudad dos años después de su fallecimiento y a ella se sumó el Ateneo de Madrid, que por entonces recaudaba fondos con el mismo fin.  

Otra de las piezas curiosas que puede verse es una de las más de novecientas coronas que recibió Zorrilla en 1889, con motivo de su coronación en Granada como poeta nacional laureado. La corona que cuelga de una de las paredes de la Casa Museo es la que le otorgó el Ayuntamiento de Barcelona. Entre las joyas bibliográficas que atesora la biblioteca de la Casa de Zorrilla, está un Álbum ilustrado conmemorativo dedicado a Zorrilla por los socios del Ateneo de Madrid.

En nuestra visita a la casa del insigne escritor podremos acceder a una estancia muy peculiar, la habitación de invitados. En ella siendo aún niño Zorrilla conoció a su abuela paterna o, mejor dicho, al fantasma de su abuela Nicolasa, a la que no había visto nunca en vida.

Interior de la Casa de Zorrilla

Una tarde el pequeño José entró en esta habitación que su familia utilizaba entonces como trastero. Allí se encontró con una anciana de afable y melancólica sonrisa que le pidió que se acercara para hablarle con una voz inaudible pero que, según el dramaturgo, resonaba en su corazón, su cerebro y su oído, mientras sentía el tacto de sus manos. Aquella anciana, como Zorrilla relata en sus ‘Recuerdos de un tiempo viejo’, le dijo: ‘soy tu abuelita, quiéreme mucho hijo mío y Dios te iluminará’. Cuando relató lo sucedido a sus progenitores no le creyeron y, por supuesto, le reprendieron, hasta que a la edad de trece años en el pueblo de su padre identificó, para asombro de los presentes, a la mujer que le había hablado, al verla en un retrato que guardaban enrollado en el desván.

El misterio es, sin duda, un elemento importante en esta Casa Museo. No es de extrañar, Zorrilla escribió sobre sí mismo que “más parecen mis libros tratados de cabalística y demonología que trabajos de hombre social y buen cristiano”. Objetos que se caen o se desplazan por si solos, puertas que se abren o luces que se encienden y apagan de igual modo, son algunas de los sucesos que a buen seguro escucharan de los guías de esta casa fascinante. El personal de limpieza cuenta también haber visto abrirse los cajones de algún que otro mueble, al parecer, por arte de la abuela Nicolasa que anda todavía en la casa haciendo de las suyas.