El corrector ortotipográfico: la crisis de un sector imprescindible

El sector de los correctores se encuentra, desde hace años, sumergido en una crisis terminal. Despidos, precarización y dejadez son algunas de las situaciones que rodean al oficio. Lejos de hacer un diagnóstico laboral, con este artículo buscamos echar luz sobre la importancia del trabajo del corrector

Agrupados en al menos dos asociaciones, la Unión de Correctores (UNICO) y la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (ASETRAD), el gremio de los correctores ha sido siempre identificado como un trabajo de hormiga, por lo general confinados a oscuras dependencias, noches sin dormir y mucho café. Sin embargo, pese al ostracismo con que siempre se los ha tratado, la labor del corrector es fundamental en todo lo que rodea al mundo de la escritura. Sea cual sea, narrativa o publicitaria, técnica o comercial, siempre hay un corrector impartiendo justicia a textos que muchas veces serían ilegibles para el gran público.

Otra de las grandes cuestiones que rodea al mundo del corrector ortotipográfico es la precariedad laboral y la falta de constancia a la que están sometidos. Esto repercute en cuestiones fundamentales como las siguientes:

  • No están bien pagados.
  • Trabajan dentro de estructuras donde se premia más el tiempo que la calidad.
  • Se les ningunea al decir que su labor se reduce solamente a corregir signos de puntuación e identificar erratas.
  • Enfrentan el supuesto cultural de que su labor puede ser realizada por una máquina (un software).
  • No producen ganancias o generan recursos, y por tanto suelen ser los primeros de la plantilla en ser despedidos.

El sector de los correctores, continuando con este último punto, ha sido el segmento de los trabajadores de prensa que más ha sufrido el tremendo ajuste del sector periodístico. Basta mirar la televisión, leer el diario o Internet para comprender que los correctores son necesarios, quizás porque las faltas y los errores abundan cada vez más como si a nadie le importara.

En ese sentido, además de la reivindicación de la profesión del corrector, interesa echar un poco de luz a su labor y despojarlos de la típica imagen que se ha construido en torno a ellos: la de personas quisquillosas que se enervan cuando descubren una falta de ortografía imperdonable.

Por lo pronto, nos surge la primera pregunta: ¿Cuáles son los beneficios de contratar una corrección ortotipográfica para un texto?

  1. La certeza de una buena y correcta redacción
  2. La obtención de un producto claro y legible

Partiendo de estos dos grandes beneficios, reflexionemos al respecto. Una buena redacción, clara y fluida, supone la base en la que se sustenta el estilo de todo libro. Una corrección literaria profesional, por ejemplo, permitirá una lectura clara y fluida, imprescindible para que el texto sea disfrutado por el lector y que garantice que sea leído en su totalidad.

Todo ello se logra mediante la reparación de sus defectos gramaticales y sintácticos (parte fundamental del trabajo de un corrector profesional), por ejemplo: la puntuación arbitraria, la alteración deliberada de la sintaxis, las faltas de concordancia, las lagunas oracionales, las ambigüedades de sentido, los fallos en la elección del léxico, el uso de vocablos innecesarios o redundantes, la mala acentuación, el uso correcto de los tiempos verbales, etc.

Por si fuera poco, habría que agregar un tercer beneficio que resulta luego del trabajo realizado por un corrector profesional: la riqueza expresiva que se obtiene del texto.

Otros aspectos a tener en cuenta sobre la corrección literaria

  • La profesionalidad del trabajo. Una vez aseguradas la correcta redacción, la claridad y la riqueza expresiva, necesitamos que el texto luzca la mejor presentación posible. En primer lugar, se consigue gracias a una labor que se centra en el formato, más allá de la ortografía, y en la limpieza y la seriedad del manuscrito. En ese sentido, la corrección ortotipográfica proporciona resultados evidentes que pueden distinguirse al instante.
  • Distanciarse de lo escrito por uno mismo. Otro de los elementos que aporta este trabajo es la posibilidad de «separarnos» del texto. Esto hace que a menudo el autor no sea consciente de los problemas que tiene su obra. Pensemos, por ejemplo, en autores que puntúan siguiendo su propia pronunciación y entonación, al margen de la sintaxis. Esta forma de escribir supone tantas dificultades para el lector que la lectura nunca será fluida y sí, probablemente, abandonada. El corrector juega el papel de lector crítico y ofrece una mirada más distanciada, más objetiva.
  • En la corrección de textos, además de corregir, el profesional realiza consultas al autor, sugiere correcciones o las desaconseja, con lo cual el autor es en todo momento consciente de los cambios que van afectando a su obra.

Corrección de estilo: imprescindible para dar el salto de calidad
La corrección de estilo se ha convertido en uno de los servicios que más duda suscita a la hora de hablar de corrección. Por tanto, lo mejor sería preguntarnos: ¿Qué es realmente la corrección de estilo de un texto? Se trata de un proceso muy cuidadoso y detallado que nos sirve para:

  • Deshacer ambigüedades involuntarias.
  • Reformular oraciones confusas o erróneas en un lenguaje claro y estructurado, con el fin de contribuir a un estilo homogéneo.
  • Reparar lagunas oracionales, ya sea insertando términos que faltan, suprimiendo términos innecesarios, en busca de una mayor precisión léxica, o completando oraciones inconclusas.
  • Ajustar las concordancias.
  • Garantizar que cada término cumple correctamente su función gramatical en la frase.
  • Estructurar las oraciones mediante una correcta puntuación.
  • Reparar errores léxicos.
  • Eliminar repeticiones, redundancias y cacofonías, para obtener una mayor riqueza expresiva.
  • Ajustar la puntuación, de cara a conseguir una mayor precisión discursiva.
  • Y en términos generales embellecer y armonizar el texto sin modificar su estructura.

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