CURIOSIDADES

La primera mujer “obispo” fue española

Por vez primera, en más de cuatro siglos de existencia, la Iglesia de Inglaterra ha nombrado obispo a una mujer. En el siglo XI España ya tuvo a una mujer que fue “obispo”. Aragonesa, para más señas, la condesa doña Sancha dirigió la diócesis de Pamplona

Sarcófago de Doña Sancha.
Sarcófago de Doña Sancha.
La primera mujer “obispo” fue española

Elizabeth Jane Holden Lane, de 48 años, conocida popularmente como "Libby" Lane, ha pasado a la historia como la primera mujer consagrada obispo de la Iglesia de Inglaterra. El nombramiento tuvo lugar en el transcurso de una ceremonia en la catedral gótica de York que no estuvo exenta de algunas voces críticas.

La noticia, sin duda relevante para los derechos de la mujer en un ámbito reservado a los hombres durante siglos, trae a la memoria la insólita historia de una mujer, aragonesa para más señas, que fue “obispo” hace casi mil años.

En efecto, la primera mujer obispo (obispa aún no aparece en el diccionario de la Real Academia) fue española y, según cuentan las crónicas, una mujer de armas tomar. Vivió en el siglo XI, era hija del rey Ramiro I de Aragón y se la conoció como la condesa doña Sancha. Tuvo gran influencia política, fue abadesa hasta su muerte de un monasterio masculino y por decisión de su hermano, el rey Sancho Ramírez, nombrada en 1082 obispo de Pamplona.

Sancha de Aragón quedó viuda a los veinte años del conde Armengol III de Urgell. Se ocupó de la educación de su sobrino Pedro I de Aragón, administró el monasterio femenino de Santa Cruz de la Serós y desde 1082 hasta su muerte en 1097 también dirigió el monasterio masculino de San Pedro de Siresa.

La causa de que fuera nombrada obispo de la diócesis de Pamplona, algo extraordinario y fuera de la ley canónica, hay que buscarla posiblemente en la alianza del rey Sancho Ramírez con el Papa Alejandro II para cambiar el rito mozárabe por el romano. Algo a lo que se oponía su hermano García, obispo-infante de Aragón y Pamplona. Como por entonces eran los reyes los que nombraban los obispos, el monarca decidió dar la diócesis de Pamplona a su hermana doña Sancha que, a su vez, era fiel seguidora de las ideas de su hermano el rey.

De esta mujer excepcional nos queda el sepulcro donde fue enterrada. Esta obra del medievo se vio involucrada en una historia rocambolesca que comenzó en los años cuarenta del siglo pasado. En aquellos años de postguerra las monjas del monasterio de Santa Cruz de la Serós pusieron en venta parte de los bienes de este cenobio, donde se encontraban enterrados miembros del linaje real aragonés. El anticuario Moragas, conservador del palacio de la Diputación de Barcelona (hoy de la Generalitat), adquirió algunas obras que fueron a parar al palacio de Fivaller, sede de la colección Moragas. No fue hasta 2011 cuando el Gobierno de Aragón pudo recuperar el valioso patrimonio, ejerciendo su derecho de tanteo, cuando iba a ser vendido en subasta pública por un precio de salida de 65.000 euros.

Tras esta peripecia, los restos de doña Sancha y sus hermanas, las infantas Urraca y Teresa, descansan en un sarcófago de elaborados relieves que constituye una pieza escultórica clave del románico español. En la actualidad puede verse en el convento de las Benedictinas en Jaca. El análisis de ADN que realizó el departamento de medicina legal de la Universidad de Zaragoza de los restos hallados en su interior, concluyó que pertenecían a estas tres mujeres, al parecer muy altas para su época y con problemas de artrosis.