UN ANTITAURINO SE LANZÓ AL RUEDO DE ARLES

La sorprendente reacción del público francés en defensa de los toros

Los toros gozan de un admirable vigor en el país vecino, en el que proliferan corridas y ferias. Así reaccionaron los aficionados cuando se sintieron agredidos por un antitaurino

La sorprendente reacción del público francés en defensa de los toros

Las arenas de Arles, en el sur de Francia, son un patrimonio mundial que data de la era de la civilización romana. Perfectamente integrada con ellas vive la fiesta de los toros, espectáculo habitual en el noble anfiteatro romano de esta preciosa ciudad francesa en la que se refugió Van Gogh. En este noble ruedo acababa de dar El Juli, vestido a la goyesca, pasaporte a uno de los astados de la tarde del pasado sábado, cuando un militante antitaurino se lanzó al ruedo. Los agentes redujeron rápido al fanático animalista. Lo sorprendente fue la reacción del público, que se sintió ofendido por el activista "espontáneo". Tras los pitos, decidió entonar al unísono "La Marsellesa", como demostración de su libertad. También para ir a los toros.

El público apeló a sus más inveterados símbolos. Mientras el activista forcejeaba con la policía y los agentes de seguridad, empezó a entonar "La Coupe Sante". Se trata del himno de La Provenza –la región en la que está Arles–, cuya traducción sería algo así como "la copa sagrada" o mejor "la taza sagrada". Después, siguieron con "La Marsellesa", cantada con voz firme. El vídeo, que se está haciendo viral en Facebook, recuerda a los momentos posteriores al atentado yihadista contra el Stade de France, en el que jugaba la selección francesa. Ese día, los ciudadanos decidieron darse valor y apelar a sus raíces más profundas entonando espontáneamente el himno nacional francés.

La interpretación de lo que allí sucedió la hace una respetada aficionada francesa, que asegura que son "grandes e intensos momentos de solidaridad". Del mismo modo, otro aficionado francés subraya que se trata de "tradición, afición y libertad en el Sur de Francia".

Desde la misma frontera con España, Céret, hasta el Périgord, el corazón de la Francia más tradicional, las corridas de toros, arrinconadas en España por la nueva política, están proliferando en Francia. Muchas de estas plazas son un ejemplo de pureza en la lidia y la integridad de las reses que se torean. De hecho, cada día más es la Meca de aficionados españoles y singularmente catalanes, donde las corridas están prohibidas. Lo curioso es que en las plazas francesas no hay ambages para mostrar la bandera española y la catalana, siempre bajo el dominio de la tricolor. Los areneros usan barretina y no es extraño que se toque Les Segadors o La Santa Espina, sardana prohibida durante la dictadura.

Por eso el frente anti taurino está desplegándose en Francia. Hace unas semanas, el pasado 27 de agosto, la protesta pudo acabar en tragedia en Carcasonne. Allí un hombre y una mujer, anti taurinos militantes, se lanzaron al ruedo. Pero tuvieron menos precaución que el activista de Arles, y lo hicieron con el toro aún vivo. La mujer hizo un gesto al toro con la mano para que esperara y se estuviera quieto. Obviamente el astado no comprendió y la emprendió a cornadas contra los animalistas. Los toreros tuvieron que hacer unos cuantos quites para salvarles la vida, jugándose la suya. El activista acabó malherido en el hospital, con varias cornadas, la mujer recibió heridas menos graves.

Curiosamente el himno "La Coupe Santa" tiene bastante que ver con el catalanismo, que ahora rechaza los toros como ajenos a su cultura. "La taza santa" fue un regalo que hicieron escritores e intelectuales catalanes, por suscripción popular, en agradecimiento por la acogida en Provenza al poeta catalán Víctor Balaguer, exiliado de España y contrario al reinado de Isabel II. Ni más ni menos que un rescoldo de las Guerras Carlistas. De aquel banquete, celebrado en Avignon el 30 de julio de 1887, surgió tanto un poema como una canción, hoy himno de La Provenza.

A todo esto, el Juli salió por la puerta grande y se cortaron cuatro orejas en la que era una corrida goyesca. Pero lo que pasará a la posteridad no será esto, sino la reacción del público, que la afición española contempla con respeto y admiración. "La Marsellesa", una vez más, fue un canto a la libertad.