EN EL MUSEO NAVAL

Cuando los marinos españoles dibujaron el mundo

La exposición temporal “Dueños del mar, señores del mundo” reivindica la extraordinaria historia de la cartografía náutica española

Mesa de cartógrafo que se puede ver en la exposición.
Mesa de cartógrafo que se puede ver en la exposición.
Cuando los marinos españoles dibujaron el mundo

No todos los días puede contemplarse un atlas náutico de 1375, donde figura por vez primera la rosa de los vientos que ha acompañado a los navegantes desde hace siglos, o una carta de navegación de 1563 en la que el mar rojo se representa coloreado de rojo y no de azul como sería de esperar, o un mapa del continente americano que solo incorpora los territorios conocidos hasta ese momento por los europeos. Pero las sorpresas no acaban aquí. También hallaremos el primer mapa de la isla de Pascua trazado en 1770 por la expedición de González de Ahedo, en el cual se recoge la existencia de los misteriosos moáis. En otro llamativo mapa del virreinato de México reconoceremos California, Texas y Arizona como posesiones españolas de ultramar. Igualmente, es posible admirar un singular mapa de nuestro país montado con estampas a color sobre tela. Estas son algunas de las extraordinarias piezas que nos aguardan en la exposición “Dueños del mar, señores del mundo”, hasta finales de marzo en el Museo Naval de Madrid.       

Un globo terráqueo sin América

Entre las curiosidades que reúne esta muestra se encuentra un globo terráqueo incompleto, donde el Atlántico y el Pacífico son un mismo océano, ya que cuando fue construido América aún no había sido descubierta. Se trata del Erdapfel o “manzana de la Tierra”, realizado en 1492 por el alemán Martin Behaim, el globo terrestre más antiguo que se conserva. No incluye las Américas porque los descubridores españoles no pudieron dar noticia de su hallazgo hasta marzo de 1493, cuando las carabelas Pinta y Niña regresaron a la península. La esfera contiene un enorme “mar tenebroso” y vacío entre Europa y Asia, donde sin embargo aparece la mítica isla perdida de San Brandán.

El propósito de esta interesante exposición, como ha señalado el director del museo, el almirante Fernando Zumalacárregui, es “resaltar el papel de España en la cartografía naval”. Porque nuestros marinos, después de abrir y recorrer numerosos caminos sobre las aguas, plasmaron dichas rutas en mapas que les otorgarían el poder sobre mares y océanos. Un descubrimiento tras otro, atesoraron un conocimiento geográfico exhaustivo y privilegiado del mundo. En palabras del comisario de la exposición, José María Moreno Martín, puede decirse que “no existe mar que no fuera navegado ni tierra que no fuera pisada por marinos españoles”.

La muestra narra la crónica de los mapas que dieron a nuestro país la supremacía en el mar. Para ello se han sacado de los cajones las joyas menos conocidas de la cartografía naval. Los mapas más apreciados por los investigadores, ahora a la vista del público. Una historia contada a través de 106 piezas, donde la España del mar es la protagonista. Esa España que aventurándose en los océanos ignotos fue delineando la Tierra. Porque como revelan el centenar de objetos expuestos, muy pocas naciones han mantenido una presencia de ocho siglos en el campo de la cartografía marítima.

Al principio fueron las Cartas Portulanas, una recopilación de puertos, accidentes de la costa, desembocaduras fluviales, peligros de fondos y corrientes, etc. En aquellos pergaminos del siglo XIV se representaban los rumbos para navegar por el Mediterráneo. Ciudades como Mallorca, Génova o Venecia fueron centros relevantes en la elaboración de libros portulanos. La muestra presenta varios ejemplares de estas cartas.

El mapa modelo, un secreto de Estado

Más tarde, el descubrimiento de América trajo consigo un nuevo orden mundial y, por supuesto, modificó los mapas. De navegar por la costa a surcar el inmenso océano. De usar cartas de navegación a utilizar la astronomía como referencia. Así fue como cosmógrafos, navegantes, pilotos y cartógrafos españoles se situaron a la cabeza de las nuevas tecnologías náuticas.

En consecuencia, como relata la exposición, en 1508 se creó el cargo de Piloto Mayor que debía formar a los pilotos de la Carrera de Indias en la navegación astronómica. El primero en ocuparlo fue Américo Vespucio. Igualmente, se estableció un único modelo cartográfico denominado Padrón Real. Se trataba de una carta universal y oficial, codiciada por espías de otros países, que reflejaba todo el mundo conocido. Pero también era un proyecto político con pretensiones expansionistas, comerciales y evangelizadoras. Por ello, este mapa modelo era custodiado como un secreto de Estado.

Asimismo, a lo largo de los siglos XVI y XVII, se fueron publicando tratados conocidos como “arte de navegar” o “luz de navegantes” para dar a conocer los avances que se iban produciendo. Con el tiempo, las sucesivas bancarrotas de los Austrias provocaron que el centro de producción de mapas se desplazara de España a los Países Bajos. Aunque, paradójicamente, siguieron haciéndose con la información geográfica y náutica de la Casa de Contratación de Sevilla. Así llegaron los atlas confeccionados por holandeses, muy manejables, apaisados y adaptados a las necesidades de los marinos. Entre los que pueden verse en la exposición, destaca el 'Espejo de Navegantes' de Lucas Janszoon. Todo ello fue un punto de inflexión que parecía anunciar el ocaso de la cartografía española. Sin embargo, con el siglo XVIII regresó el esplendor perdido de nuestra Marina, centrada esta vez en viajes científicos como los de Jorge Juan o Antonio Ulloa.

Finalmente, observando la mesa de trabajo de un cartógrafo que se exhibe en esta exposición temporal conoceremos cómo se hace un mapa: el borrador, los apuntes de la costa desde el barco, las operaciones matemáticas, el instrumental para elaborar la carta, la preparación de la plancha de cobre para el grabado y la estampación definitiva sobre papel. Las técnicas han ido cambiado, más aún desde la llegada de la era digital, pero el fundamento es el mismo que cuando los marinos españoles dibujaron el mundo para nosotros.