| La crisis del Partido Popular ha tenido en Galicia la oportunidad de mostrarse clara y transparente tras la pérdida de la Xunta de Galicia por causa de los graves errores políticos cometidos por el PP que lideraba Aznar y también por la incapacidad de su sucesor, Mariano Rajoy, para provocar un cambio político y de liderazgo en Galicia que recuperara el voto joven perdido en la crisis del Prestige y la guerra de Iraq y que pusiera en marcha con tiempo suficiente la sucesión de un Manuel Fraga que no estaba en condiciones para gobernar Galicia y que no está para liderar ahora la oposición. Las elecciones gallegas las perdió el PP el pasado 19 de junio, pero quisieron darse un respiro, amortiguar el golpe de la derrota en dos tiempos y jugaron a la esperanza del voto emigrante, a ver si recuperaban la mayoría absoluta. Pero la realidad es tozuda y en Pontevedra se confirmó la derrota ya anunciada, y en esa noche pudimos ver un ejemplo más de la desbandada del PP: ni Rajoy, ni Acebes, ni Zaplana, ni el propio Fraga salieron a dar la cara y a asumir la derrota tranquilizando a los suyos, si es que había algo que tranquilizar. Todos se dieron a la fuga, como cuando se escaquearon en plena crisis del Prestige o como cuando José María Aznar se negó a visitar esas playas inundadas de petróleo que Federico Trillo calificó de espléndidas a vista de pájaro de un avión, el mismo Trillo que ha sido encargado esta vez de certificar la derrota en Pontevedra. Muy mal tienen que estar las cosas en el Partido Popular para que sus líderes escurran el bulto y todavía sigan hablando de su victoria en votos en vez de empezar a reflexionar en serio sobre lo que pasa en el liderazgo del PP, y no sólo en Galicia sino a nivel nacional. Porque la derecha española, abandonado el centro y perdida su capacidad de diálogo con otras formaciones políticas, está presa de una enfermedad de liderazgo y proyecto político global, por más que ellos tengan las ideas claras en cuestiones relativas a la unidad de España y a la lucha contra el terrorismo, lo que no es poco y de lo que sí adolece el Gobierno de Zapatero, pero están faltos de otras muchas cosas, entre ellas el sentido común y la necesaria renovación de ideas proyectos y personas partiendo de la España real de hoy día y no de la España profunda con la que soñó Aznar. Basta ver lo que ocurre en el bloque mediático de la derecha española para darse una idea de lo que pasa en la política y en su entorno financiero y empresarial. El director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, se siente engañado por su amigo José Luis Rodríguez Zapatero y dice que a él no le dan a dedo un canal de televisión porque le están pasando factura por haber denunciado en tiempos del felipismo el crimen de Estado y la corrupción; el ex director de ABC y alto cargo de la empresa Vocento, que edita el citado diario conservador, después de haber demonizado hasta la saciedad a los partidos nacionalistas, escribía el domingo pasado en ABC que el PP debía pactar con el BNG para no perder Galicia (sic); Luis María Anson, presidente fundador de La Razón, ha hecho hace pocos días una loa demencial del consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; y Federico Jiménez Losantos sigue jaleando desde la COPE los instintos más ultraconservadores del PP, como si este partido tuviera que cuidar su flanco derecho para defenderse de un Le Pen, que en realidad ellos tienen dentro y que habita en la radio y en ciertos sectores de la derecha española dedicados al bonito juego de la manifestación. El PP, su entorno empresarial y financiero y sus afines grupos mediáticos están en crisis y en desbandada. Es posible que todavía no hayan tocado fondo en esa caída libre que se ve por aquí y por allá, gracias a los disparates del Gobierno de Zapatero, que son posibles, entre otras cosas, porque no tiene adversario ni punto de referencia en el que contrastar su interna debilidad. Pero Zapatero poco a poco va ganando poder, va ganando terreno y va ganando aliados, y eso le da un margen y una tranquilidad, mientras que en el Partido Popular hacen exactamente lo contrario, van perdiendo poder y van perdiendo terreno y no tienen aliados, y así es muy difícil, por no decir imposible, progresar.
|