| Los atentados terroristas en Egipto, a los pocos días y horas de los de Londres, aumentan la pesadilla y nos anuncian una oleada de ataques contra objetivos occidentales en los próximos meses, bien por “simpatía” o por un efecto de colaboración en cadena, bien porque los jefes de Al Qaeda han dado la orden de desencadenar una ofesiva. En estas circunstancias, el desconcierto y el temor de las capitales occidentales y de otras naciones aliadas de los gobiernos más poderosos del mundo, como es el caso de Egipto, está justificado porque se enfrentan a un enemigo sin rostro capaz de matar y de morir en el intento, lo que aumenta más si cabe la dificultad para prevenir o responder a un ataque terrorista y facilita errores tan graves como el que le ha costado la vida a un joven brasileño en Londres. Se preguntan los políticos, los estrategas de la seguridad, los analistas de los medios de comunicación y el mundo de la cultura dónde están las causas de todo esto y qué solución hay, si es que la hay. O a lo mejor los países occidentales tienen que prepararse para ofrecer un tributo en vidas a esta locura terrorista como en el Reino Unido ocurría con el IRA o como en España ocurre con ETA. Sabiendo que entre los objetivos del terrorismo está el que la sociedades democráticas dejen de serlo y se asemejen a sus culturas y a los dictados más fanáticos de la religión islámica como consecuencia del dilema que ya se está planteando entre seguridad y libertad. Un río revuelto en el que los sectores más conservadores de los países occidentales piden cierre de filas y que no se busque más argumento o responsabilidad a los atentados que la locura terrorista. No quieren, por ejemplo, que se hable de la guerra de Iraq, donde han muerto más de 25.000 civiles inocentes en un conflicto ilegal y terriblemente desigual. No quieren que se hable de lucha de civilizaciones, culturas y religiones. Ni que se utilice el argumento de la miseria y la desesperación en la que viven muchos de los comandos suicidas terroristas. Los sectores más conservadores de la sociedad ya están pensando en una nueva cruzada contra lo peor del islam. Lo malo de esta reflexión fatalista y unidireccional es que no sabe dónde está el enemigo, porque el enemigo es un fantasma que incluye una legión de comandos con una sola doctrina: vengar a los hermanos musulmanes agredidos y atacar sin piedad a los más poderosos líderes y países de Occidente y a sus aliados más fáciles de alcanzar. Al día de hoy, como ocurre con algunas enfermedades, nadie conoce la causa de esta epidemia ni la solución. Hay que reflexionar y madurar una respuesta, la Ley del Talión no es la medicina apropiada para tan grave situación.
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