Presidente Fundador: Pablo Sebastián - Editor: Germán Yanke

      Director: Armando Huerta   25-VII-2008 /nº.3.632 Año X 

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    EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS
El “Plan B” se llama González


Pablo Sebastián
El presidente Zapatero, cuidadoso como es con los derechos fundamentales y democráticos de las personas, se ha declarado muy preocupado por el derecho de reunión que le asiste a la ilegal Batasuna, el brazo político de ETA (sic), para que no se le estropee la negociación de la tregua. A la vez, el presidente del Gobierno de España está preocupado, más que nadie, incluso más que Carod o Maragall, por el término nación para que figure en el Estatuto catalán, en el preámbulo o el articulado —donde sea y como sea—, porque en su opinión lo de nación es discutido y discutible y porque él tiene claro que España no es una sola nación sino varias, entre tres y diecisiete.

Y si después de tan ciclópeos esfuerzos y renuncias democráticas y constitucionales el presidente Zapatero fracasa con el Estatuto y con ETA, ¿entonces qué? Pues no hay “plan B”, sino el rumor de la necesidad de un nuevo liderazgo en el Gobierno y en el PSOE que cuente con el visto bueno del Grupo Prisa, oráculo mediático que está protegiendo, con la nariz tapada, el desvarío del inquilino de la Moncloa, y en cuyo entorno habita cada vez más indignado con la situación y crecido por la crisis —y la oportunidad que se le presenta de regresar al poder— el ex presidente del Gobierno Felipe González. El único que podría evitar la “muerte cívica” de España como nación en el ideario del PSOE, una vez que la locura de Zapatero y Maragall ha contaminado a los barones socialistas del sur, que aún se resistían a incluir la palabra nación en el seno del Estatuto catalán, preámbulo o articulado, porque en el fondo es igual.

Así están las cosas mientras continúa sin descanso el gran espectáculo. La vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, alarmada con la alarma militar y la crecida de los disparates, se ha decidido por fin a criticar las palabras del dirigente del PNV Iñaki Urcullu en las que comparaba a ETA con el Ejército español y a insinuar, con la boca chica, que lo de Batasuna está muy mal.

Para completar el escenario del delirio de la política española, el ministro de Defensa, José Bono, anuncia que los militares no tendrán la obligación de hablar en catalán —los civiles sí, según se desprende de sus palabras—, lo que constituye la primera victoria política del teniente general Mena, mientras el ministro, en medio de semejante movida militar, pone en marcha por la vía de urgencia y tras el sonoro “pascualazo militar” la desaparición de varias divisiones, la emblemática Brunete entre ellas. Suponemos que porque estaba previsto, necesidad del servicio y escasez de soldados, aunque no faltarán los que digan que también para desactivar cualquier riesgo de golpe de Estado. El viejo fantasma español del que aún hablan los publicistas del PSOE para castigar al PP, los nacionalistas irredentos y ciertos editorialistas de la prensa europea que siguen pensando que los españoles nos vestimos de majas y de toreros los domingos para salir a pasear.

El presidente Zapatero deambula como un zombi en socorro del Congreso de Batasuna (que a lo mejor lo comprometió en las negociaciones secretas) para que no se le estropee lo de la tregua de ETA. Pero corre tarde, porque el juez Marlasca de la Audiencia Nacional ya abrió diligencias contra la ilegal y desvergonzada convocatoria de Batasuna, amparada por la vista gorda del Gobierno y la Fiscalía General, así como por el Gobierno vasco, el PNV y el PSE, que viven en su propio delirio, al igual que nacionalistas de Cataluña.

Congreso para Batasuna y nación para Cataluña y el PSOE —y su grupo mediático— corriendo en socorro de Zapatero y abandonando las más elementales normas del Estado de derecho, la democracia y la Constitución, porque su pobre presidente y líder se lo juega todo en estos dos envites. El del Estatuto catalán y la negociación con ETA, que, se reconozca o no, están ligados entre sí porque si no hay Estatuto nuevo ni importantes contrapartidas de soberanía al nacionalismo de Cataluña, ¿qué pueden esperar en el País Vasco, donde dicho sea de paso ya tienen con el cupo arreglada la financiación? 

Hay quienes piensan, con sentido común, en el PSOE que el fracaso del Estatuto sería lo mejor para todos porque un mal pacto puede tener al final las peores consecuencias. Pero quienes así se expresan en privado reconocen a la vez que un fracaso supondría el final de la era Zapatero y el inicio obligado de una nueva etapa en el PSOE y puede que en el Gobierno, de ahí los rumores en torno a Felipe González, una vez que la estrella españolista del ministro Bono ha palidecido con los últimos incidentes de su departamento.

Y en medio de este festival ¿qué hace el PP, dónde está el PP? Adivina, adivinanza, pues de ejercicios espirituales en la ciudad imperial de Toledo en pos de la inspiración divina que les permita escoger el camino adecuado para ejercer su labor de oposición, sobre la que existen dos versiones contradictorias: la que pide alta tensión y desafío frontal al Gobierno, al ritmo que les imponen sus oráculos mediáticos más radicales, o la que propone la “crítica constructiva” (los “arriolas”), lo que en ciencia política se califica como asesoramiento al poder. Les queda una tercera opción, la de mitad monje y mitad soldado, aunque causa bastante preocupación que, a estas alturas del partido, en el PP no tengan claro el rumbo y estén todavía deshojando la margarita de su estrategia ante tan clara situación.

 
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