| Resulta preocupante que el presidente del Gobierno se inhiba de toda actuación política, policial y jurídica frente al congreso convocado por Batasuna en Barakaldo y que quede a remolque de los acontecimientos una vez que el juez Marlasca de la Audiencia Nacional ha decidido abrir diligencias sobre dicha convocatoria. La vista gorda del presidente roza la ilegalidad y se asemeja a la que está haciendo, por otra parte, en relación con el Estatuto catalán, donde Zapatero está dispuesto a incluir la palabra nación en el preámbulo del Estatuto, lo que significaría que el PSOE aprueba dicha denominación negándole a España su condición de única nación. Y esto lo aprueba Zapatero, lo bendice Chaves, el presidente del PSOE, conculcando, de facto, la legalidad constitucional. No salimos del asombro, cada día que pasa nos trae noticias que poco o nada tienen que ver con los confines de nuestra democracia y con el estado de derecho. El caso del teniente general Mena Aguado se le ha ido al Gobierno de las manos y lo ha convertido en un casus belli, porque de una infracción reglamentaria cometida por el militar se ha pasado a desenterrar el fantasma del golpismo y se ha llegado a comparar al Ejército con ETA, como lo ha hecho de manera sorprendente y lamentable el presidente del PNV de Vizcaya, Urkullu. Todo asemeja a un río desbordado que rompe las orillas, las normas de la convivencia e incluso la legalidad. Y por si algo faltara, nos llega desde EEUU un libro del que fuera responsable americano en Iraq, Paul Bremer, donde se presenta al Ejército español como un ejército pasivo que no quería luchar contra los insurrectos y las guerrillas de Nayaf. Pues sí que está el señor Bremer después de su mandato en Iraq, catastrófico en resultados políticos, militares y de derechos humanos, para dar lecciones a nadie, y menos para insultar al Ejército español, que cumplía las órdenes que recibió de sus mandos y su Gobierno y que ya hizo demasiado con estar allí porque esa guerra ha sido ilegal. Y parece lamentable que ni el Gobierno actual ni los ministros de antes, con Aznar a la cabeza, no salgan a responder a Bremer como se merece, recordando que varios españoles murieron en ese conflicto donde también cayó un periodista español por causa de un ataque americano en Bagdad. España vive momentos de crispación política, de inseguridad jurídica y de deterioro de las instituciones sin que nadie ponga freno a todo ello. ¿Dónde están los ministros de Justicia, Interior y el fiscal general del Estado ante la desvergüenza ilegal de Batasuna? Pues no están en ningún sitio porque Zapatero ha decidido hacer la vista gorda con el brazo político de ETA, a ver si la banda terrorista le anuncia una tregua y así el Gobierno burla la ley y da alas a quienes quieren abrir de nuevo la puerta de la política en pos de esa tregua sobre la que nadie tiene en este momento la menor constancia ni seguridad. Y todo ello ocurre cuando el Partido Socialista se dispone a declarar política y públicamente que España no es una nación sino que es un nación más de las varias que conforman el Estado español, lo que es históricamente falso y política y jurídicamente incorrecto aunque sólo figure en el preámbulo del Estatuto catalán. Estamos en un momento muy complicado y nadie sabe si este río desbordado en sus dos orillas va a llegar a un muro de contención o continuará arrasando todo lo que encuentra a su paso ante la ausencia de un Gobierno responsable y de una mayoría parlamentaria que reconduzca el desbordado caudal.
|