| El relevo al frente de la Conferencia Episcopal, en menoscabo del conservador Rouco y en favor del moderado —“conciliador”, le llama el diario ABC— Blázquez, ha provocado una lógica inquietud en el seno de la COPE, por las consecuencias que el cambio pudiera tener en su programación, en la línea editorial y en la renovación de los contratos de sus primeros comunicadores. Siempre que se cambia al capitán se inquietan los oficiales y la marinería, como es natural. Pero, curiosamente, Marcello ha detectado una extraña inquietud en su más directa competencia, en la cadena SER, por miedo a que se les vayan los aguerridos apaches de la COPE al séptimo de caballería del Grupo Prisa, que ha encontrado en la agresividad de la cadena confesional su extraña media naranja, su alter ego, Gabilondo contra Losantos, que a juicio de los analistas de la emisora de Polanco beneficia a los dos. Y de especial manera a la SER, porque divide a la radio de la derecha (COPE, Onda Cero y Punto Radio), y también porque, según nuestro enano infiltrado en el entorno de Gavela (el cazador), “espanta de la radio cristiana a los oyentes del centro derecha español, por más que consolide a sus oyentes de la derecha más conservadora”. De hecho, el propio Federico J. Losantos gusta presentarse como la “estrella” alternativa a I. Gabilondo, dejando de un lado y como si no existieran al supersimpático Carlos Herrera, o al abuelito L. del Olmo —con quien Federico ha tenido sus más y sus menos—, para concluir que esto de la radio es cosa de dos. De ahí la doble preocupación en la COPE y en la SER, los unos empeñados en ser líderes de la radio conservadora, quitando de en medio a sus competidores del centro derecha, y los otros convencidos en ser dueños absolutos del centro izquierda radiofónico.
Sobre todo porque lo de RNE no funciona, entre otras cosas porque el cabezón Piqueras está más preocupado de su programita (y escandaloso pluriempleo) en TVE que de darle a RNE prestigio e independencia en vez de convertirla, como ha hecho, en apéndice del Gobierno, con colaboradores de partidos y una mayoría pro PSOE, sobre todo en puestos de responsabilidad y notoriedad. Sólo se salva Julio Cesar, el tocayo del emperador. Parece claro que si monseñor Blázquez ganó la presidencia de la Conferencia Episcopal con el apoyo de los obispos nacionalistas y moderados es para que se produzca un cambio no sólo en la línea ideológica o confesional de la Conferencia, sino en su capacidad de diálogo con el poder y la mejora de las buenas relaciones entre unas y otras diócesis, asuntos todos ellos en los que la COPE de hoy, por su agresividad conservadora y su neta posición antinacionalista, tiene mucho que ver. Hay, pues, un problema sobre la mesa, pero no hay urgencias —la Iglesia cuenta las horas por años— y también hay soluciones, como se apunta desde el entorno bilbaíno de Blázquez, si se va cambiando el tono y se elimina una cierta y a la vez gratuita crispación semántica. Lo que quiere decir que se hace necesaria una conversación a tres entre Blázquez, Losantos y don Bernardo, que por cierto se jubila (aunque dicen que no se quiere jubilar), y que a fin de cuentas era con Rouco el hombre clave en esta etapa de bastante agresividad ideológica y editorial de la COPE. Qué va a pasar? Si les liman las uñas o cortan las alas a los “coperos”, se desinflará el “soufflé” de su ímpetu mañanero (la tarde tonta es otra cosa y la noche protestante modula más la crítica). La COPE perdería audiencia, negocio e influencia, sobre todo en el PP de Rajoy, donde les temen, y por eso desde las autonomías que controla la derecha les van a dar, como a Polanco el PSOE, licencias digitales de TV. Sin embargo, y aunque muchos ministros, como Moratinos, se enfaden con la COPE, en Moncloa no pasa eso porque allí los observadores hacen el mismo análisis de la SER (son la misma cosa) y dicen que la COPE les ayuda porque impide que el centro español reflexivo regrese al PP. Uno nunca sabe para quién trabaja, que diría el sabio. Los que se frotan las manos son los de Onda Cero y Punto Radio, que creen llegado ahora el momento de una moderación general en el centro derecha que les beneficia a todos, porque se les estaba escapando la COPE por la vía de su más notoria agresividad, que no entra en la cultura informativa y editorial de Planeta o Vocento. Qué va a pasar? Demos un tiempo al tiempo, de aquí al inicio del verano, de cara a la que será nueva programación de otoño y la revisión de contratos, y para entonces todo se aclarará. De momento todo sigue como está. |