Presidente Fundador: Pablo Sebastián - Editor: Germán Yanke

      Director: Armando Huerta   25-VII-2008 /nº.3.632 Año X 

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    EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS
Vacío de poder en la Presidencia


Pablo Sebastián
La notoria debilidad parlamentaria e incompetencia política del ahora presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de la que hace gala con su discurso infantil del diálogo y el talante, ha llevado a España en sólo diecisiete meses a una sorprendente e inesperada crisis democrática e institucional en la que todos aquellos que consideraban tener cuentas pendientes con el Estado no han dudado en aprovechar la ocasión: el vacío de poder y de criterio, la mente en blanco de la Presidencia
—apoyada en un Gobierno de escasas luces y nivel político—, y se han lanzado a la caza del poder y las arcas del Estado, a pasar urgentes facturas y a sacar toda clase de ventajas ante la sonrisa boba de quien debiera ser el guardián de los intereses generales de España, y de la propia España como nación, como si todos ellos fueran conscientes de que este desbarajuste de Zapatero no puede durar y hay que aprovechar la ocasión, “ahora o nunca”, como el propio Zapatero le dijo, enloquecido o cómplice, en la Moncloa a Artur Mas.

Ahí está como el ejemplo de este desbarajuste general el pretendido nuevo Estatuto catalán, que es a todas luces inconstitucional y que, entre otras cosas, incluye la semilla de la no descartable ruptura de España y del Partido Socialista. Entre otras muchas cosas porque de su articulado se desprende una nación donde prima el nacionalismo sobre los valores de la democracia, el progreso y la libertad. Y si es inconstitucional, ¿por qué habría de ser admitido a trámite en el pleno del Congreso de los Diputados?

El proyecto del lehendakari Juan José Ibarretxe tenía las mismas prerrogativas legales que el proyecto de Pasqual Maragall, dado que el porcentaje de apoyo en las Cámaras respectivas se ajustaba a la Ley —aunque el catalán fuera más alto—, de la misma manera que ambos son inconstitucionales a simple vista. Pero esta vez el PSOE —e incluso los pocos que en ese partido se atrevieron a denunciar algunos aspectos del Estatut, Bono, Guerra, Ibarra— dirá que sí a su tramitación parlamentaria. Porque en las circunstancias actuales el PSOE se ve en la obligación de salvar muchas cosas a la vez: la unidad y la identidad de una España solidaria, sus apoyos electorales fuera de Cataluña, el poder del Gobierno de la nación y al propio Zapatero de sí mismo (por el momento), y ello muy a pesar de que en círculos privados de la dirección socialista son muchos los que ya ponen en duda su capacidad para gobernar.

Que el diario El País, próximo al Gobierno, aún no se haya pronunciado sobre la inconstitucionalidad del nuevo proyecto de Estatuto catalán es todo un síntoma que coincide con la consigna dada a los barones, ministros y jefes del partido para no hablar de inconstitucionalidad, porque en ese caso no debería ser admitido a trámite como el Plan Ibarretxe. Todos necesitan ahora ganar tiempo para ver si encuentran la fórmula mágica con la que empatar en Madrid un partido de vuelta que en el marcador del Parlament concluyó con un 120 a 15 votos. Por cierto, ¿se exigirá para el nuevo Estatut los dos tercios de las Cortes, sede de la soberanía nacional, que tanto se airearon para aprobar el documento en Cataluña?

La gravedad de la situación política española y la voracidad de los presuntos amigos del presidente van de la mano y nos permiten admirar con estupor cómo, en plena luna de miel de los gobiernos de Madrid y Rabat, el Rey de Marruecos pone en marcha el cerco y asalto de Ceuta y Melilla, la llamada “marcha negra”, mientras no cesa de recibir toda clase de ayudas económicas y políticas del Gobierno español. Marruecos ha sido y es, sin lugar a dudas, un catalizador externo de toda crisis institucional española, y cada vez que ven un vacío de poder, aprietan y suben los niveles de la tensión.

Sin salir de este ámbito de la política exterior, todavía está reciente la flagrante traición de Chirac y de Schroeder a Zapatero, en la última cumbre europea, pactando a sus espaldas el nuevo reparto del presupuesto con la Comisión. ¿Cómo le pudo pasar a Zapatero una cosa así? Y a no olvidar el enfrentamiento con los Estados Unidos, y no sólo por causa de aquella intempestiva retirada de Iraq, sino por las posteriores acciones y gratuitos desafíos al presidente americano de Zapatero y de su inefable Moratinos.

Ahí está el caso de ETA, a la que prometió Zapatero una negociación, después de bajar la guardia judicial y política que mantenía arrinconada a la banda y su entorno, y por ahí siguen los de ETA poniendo bombas y pidiendo más y más, movilidad de presos, fin de los procesos judiciales, etc. Mientras su hombre en el País Vasco, Patxi López, exige un recorte pactado de la libertad de expresión, a la vez que prepara con Ibarretxe un nuevo marco estatutario a la sombra del catalán.

Y como para Zapatero España es una cosa abstracta, el presidente no le da importancia al traspaso del control de las empresas energéticas españolas al sector financiero que hoy controla La Caixa, en nombre del Gobierno tripartito, más CiU, porque considera que así las empresas energéticas estarán en manos de gestores más progresistas (sic). Y convierte todo ello en un nuevo regalo, como el bocado de Pantagruel del 17,5 por ciento de los presupuestos de Fomento sólo para Cataluña a cambio de los votos de ERC en el Congreso, y así hasta mil.

El presidente, que justifica su acción de gobierno y sus errores flagrantes con el truco del discurso progresista —cuando muchas de sus medidas son, como el Estatut, contra la solidaridad—, mantiene un alto nivel de popularidad social, pero esta vez con Marruecos, ETA y Cataluña está abriendo tres frentes que si se desbordan juntos o por separado van a tener un impacto negativo electoral como el que para el PP tuvo la guerra de Iraq. Y todo ello sin olvidar la fractura y tensión que se está creando entre catalanes y el resto del pueblo español.

Estamos en plena sequía, mientras el Ebro sigue vaciándose en el mar. Pero una sequía no sólo meteorológica, sino de Gobierno, de presidente, de ideas, de sentido común y de liderazgo. Y lo que es peor, de esta crisis no se puede salir sin fracturas previas, a no ser que se camine hacia la fractura de la columna vertebral.

 
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