Cómo se hace. Es muy fácil. Una rebanada de pan, a poder ser de leña. Tomates cortados por la mitad. Frótelos con la rebanada de pan para que suelten el jugo que es donde está su sabor. Una pizca de sal y un chorro generoso de aceite, de oliva, extra virgen.
A partir de aquí se busca el criterio para conseguir el pan tumaca perfecto.
En primer lugar hay que recordar que el pan tumaca es en realidad pa amb tomàquet.
El tomate debes ser el de colgar, el de racimo o ramillete. Tiene poca pulpa y mucha cantidad de jugo para que empape el pan.
El pan debe ser el de leña, pan de pueblo(es un decir). Tiene que tener costra dura y mucha miga. Que sea grande. Un poco seco. Incluso que tenga más de un día. Así la miga estará más seca y recibirá mejor el jugo del tomate.
El aceite debes ser de gran calidad. Aceite de oliva extra virgen. Nada de empapar, solo un ligero toque, nada de un reguero de aceite.
La sal debe ser gorda. Tiene que ser un pequeño pellizco. A mi me gusta ponerlo antes del aceite y así el pan se impregna de su sabor y el paladar disfruta.
Además el ajo que hay que colocarlo restregado, antes que toque el pan el tomate. Esto es opcional y ponga encima lo que más le guste, jamón u otros embutidos, tortillas, asados…
No haga el pan tumaca con pan de molde o baguettes en rebanada. No utilice el tomate en lonchas o triturado. Ni se le ocurra echar al pan un chorro de aceite de girasol.
Y final, acuérdese, que el pan tiene que estar ligeramente tostado. Y que es un error garrafal que los ingredientes lleven cierto tiempo (por ejemplo una hora) preparados. Tiene que hacerse y verterse en el momento.
A partir de aquí solo queda disfrutar con este sencillo manjar.
