Miquel Barceló presenta una completa
muestra retrospectiva de su obra en los últimos años, en CaixaForum de
Madrid. Es un enorme éxito de público. Y, también, nos permite a todos
colocarle al artista en sus verdaderas dimensiones como principal
referente del arte contemporáneo español.
La muestra se titula
La solitude
organisative.
Tiene que ver con retrato (autorretrato según dice el
artista) de un gorila pintado que presentó en la última Bienale de
Venecia. Con el acaba el recorrido de 25 años de carrera.
La comisaria de la exposición es
Catherine Lampert. Miquel Barceló (Felanitx. Mallorca,
1957) presenta 180 'piezas' en esta retrospectiva. Es una exposición
abigarrada, organizada alrededor de siete espacios y un largo recorrido
estético. Al final todo significa un totum revolutum de procedencia
diversa. Vienen sus obras desde El centro Pompidou, desde la Fundación
Juan March, desde diversas galerías y desde, por supuesto, el Museo
Reina Sofía de Madrid. Empieza la muestra en el patio de la
CaixaForum con un elefante que hace el pino en difícil equilibrio sobre
su trompa. Es una escultura de grandes dimensiones, de ocho metros de
altura y de cinco toneladas de peso. Y, que yo sepa, hay dos piezas
idénticas fundidas en bronce por parte de AlfaArte de Eibar-Guipuzcoa
utilizando la técnica a la 'cera perdida' el año 2008. Hay muchos más trabajos. Unos que
parecen cuadros-esculturas-volúmenes, como por ejemplo ese titulado
Atelier... que es del año 93, escultura en relieve que da aspecto de un
cuadro. Todo un referente del estilo del arte povera italiano.
También hay muchas acuarelas. Como las hechas para la
ilustración de
La Divina Comedia
del Dante. Mirándolas una se siente reconfortada con el
sutil juego de sugerencias lograda con colores muy planos y difuminados
por las aguas.
En esta exposición dedicada a Miquel Barceló es
destacable su estilo abigarrado y en consecuencia la tendencia que tiene
su paseante a convertirse en un espectador que da saltos al vacío con
sobresalto. De repente uno se encuentra admirando cuadros, 'piezas' de
grandes dimensiones como es el
Bodegón rosa
(1995) con ese pez retratado que produce visiones reales
de las profundidades de la lonja africana.
En este cuadro, 'pieza', en muchos de
sus cuadros, 'piezas' llama la atención la gran cantidad de capas y
capas de pintura depositados por los pinceles. Se nota la gran tensión
con la que trabaja el artista. Parece que son un salto más, un
sobresalto, para poder mirar, y a veces ver, su serie blanca definida
como si fueran agujeros de luz de Djoliba y fechado el año pasado.
Un poco más adelante el paseante alucinado se encuentra
con el
Doble retrato
(1985) hecho en papel arrugado y varias aguadas. Aquí
así una anota en sus notas (valga la redundancia)que el trabajo de
Miquel Barceló es, sobre todo, una dedicación física y que hay tal
cantidad de obra colgada de las salas que estas pesan sobre la retina.
Tanto que son árboles que no dejan ver el bosque.
Me gusta el Barceló que trabaja sobre el
papel. Parece que es más libre y etéreo de todos. Como es esa serie de
animales retratados y que son fruto de sus observaciones y estancias
africanas. De esta serie son mejores los que son en color. Los oscuros
son demasiado nocturnos e inquietantes.
Como es una exposición antológica que va desde 1983
hasta el año 2009 hay mucho de todo. Y una se fija en esa cabeza de
bronce que es una calavera de
Pinocho
(1998) y que es todo un manifiesto lleno de sarcasmos
sobre la nariz que crece si contamos mentiras.
Miquel Barceló no es brillante, ni ingenioso, ni pérfido
a la hora de expresarse. No importa. Si es todo un personaje en el
mundo del arte con un mundo propio, es un personaje
avant la lettre
, un kamikaze. Eso si con su producción con so obra no
admite descanso. Es un borbotón, parece un volcán en erupción.
Miquel Barceló.
1983,2009
CaixaForum-Madrid. Comisaria Catherine Lampert. Hasta el 13 de Junio.
