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Un día que cambió la historia del mundo

Hace veinte años el Muro de Berlín fue cruzado por miles de personas que se encontraron con el otro y con la libertad perdida tras 28 años enjaulados

9 de noviembre de 1989. Un hombre menudo que ronda los 55 espera, con calma, con infinita paciencia, la apertura de una puerta cerrada desde hace 28 años. Desea cruzar la línea de hormigón con el único deseo de volver a pisar una plaza del distrito de Charlottenburg, en Berlín Occidental, a la que iba con sus abuelos. Se abre el paso fronterizo y echa instintivamente a correr, para detenerse bruscamente a los cien metros y llorar las lágrimas que le asaltan sin aviso con su recién adquirida libertad. Sucedió hace veinte años, y compone una de las diminutas y grandes historias del ‘collage’ humano que resultó del Telón de Acero y el fin del imperialismo soviético con la caída del Muro de Berlín. Políticos, artistas, catedráticos y periodistas unen sus voces con motivo de este aniversario para recordar a los jóvenes que no conocieron las guerras europeas la necesidad de mantener la paz.

PATRICIA C. SERRANO


El emblemático Checkpoint Charlie, dominado en tiempos del Muro por EEUU y Reino Unido.
Los ojos y la memoria del periodista francés Jean-Marc Gonin, que cubrió para el semanario L’Express los acontecimientos de la noche del 9 de noviembre de 1989 en Berlín, rescatan para las generaciones de hoy las imágenes que marcaron las horas de la caída del Muro de Berlín. La anécdota arriba relatada, que aún le acompaña veinte años después, tiene final feliz: “El hombre, después de 15 minutos, fue capaz de sobreponerse a su estado y siguió andando hasta llegar a la plaza de Charlottenburg”.

Olivier Guez, compañero de profesión perteneciente a otra generación y co-autor junto a Gonin de un libro novelado sobre el acontecimiento (La caída del Muro de Berlín. Crónica de aquel hecho inesperado que cambió el mundo, Alianza Editorial) no cuenta con experiencias propias sobre el terreno -tenía 15 años entonces-, pero atesora imágenes vistas desde otros ojos, los de la gente que estuvo allí.“En la RFA se vendía un vodka llamado ‘Gorbachov’, y la misma noche de la caída del Muro, al paso de un camión con publicidad de la bebida, los ciudadanos que cruzaron al otro lado de Berlín pensaron que el propio Gorbachov, entonces presidente de la URSS, iba dentro y rompieron a aplaudir”, comenta divertido el periodista e investigador.

Los habitantes de Berlín Este contemplaban, hipnotizados, con sus primeros pasos al otro lado del Muro, los escaparates de las tiendas, los supermercados, y las exóticas formas que nunca habían visto: plátanos, naranjas o kiwis. “Les impactaba mucho encontrarse en Berlín Occidental con las tiendas, donde uno podía comprar lo que quisiera, algo que relacionaban con la libertad”, explica el catedrático de Política Económica de la Universidad de Alcalá de Henares, Santiago García Echevarría, que vivió en Berlín en el año 62 como estudiante, sufriendo la separación del país en primera persona, y que más tarde regresó con la caída del Muro.

Todas las anécdotas comparten un particular y desbordante componente emocional, que tiene que ver con un espíritu alemán único basado en una clara dimensión social dirigida a la reunificación. “La respuesta cuando cae el Muro simboliza esa acumulación durante 50 años de búsqueda de un objetivo compartido.
"Todo eran abrazos y lágrimas esa noche; desaparecieron las categorías humanas, todo el mundo era uno más"
Creo que esto no podría haber sucedido en otro país sin darse esta reserva espiritual, la ansiedad de todo un pueblo por ver desaparecer esa situación anómala de destrucción que generó el Muro”, razona el catedrático y presidente de honor de la Fundación Alexander von Humboldt en España. “Hubo un espíritu de unidad de toda Alemania muy claro, y ahí está la base fundamental para entender la caída”, prosigue.

“En la calle, todo eran abrazos y lágrimas esa noche. Desaparecieron las categorías humanas, los cargos, todo el mundo era uno más. Romper ese muro era encontrarse con el otro”, indica García Echevarría, quien insiste en la clave espiritual del acontecimiento. La fortaleza y el impulso humano, al igual que un punto de inconsciencia, condujeron a los berlineses del Este hacia el camino del triunfo, y esa motivación en forma de río de gente hizo desaparecer los riesgos. Veinte años después, el catedrático aún no comprende cómo el gran entramado político y policial de la República Democrática de Alemania se desplomó como un castillo de naipes en unas pocas horas.

Una improvisación que cambió el curso de la Historia

La caída del Muro de Berlín se debió a una improvisación, una ‘metedura de pata’ por parte del entonces secretario general del Partido Socialista de Berlín Este (SED), Günter Schabowski, durante una rueda de prensa multitudinaria en la zona oriental de la capital alemana.

Jóvenes berlineses tomaron en la noche del 9 de noviembre de 1989 el Muro para destruirlo.


En el último Politburó se había aprobado un reglamento muy complejo que planteaba una apertura del régimen con respecto a viajes de los ciudadanos de la RDA. Schabowski desconocía los detalles, al no haber podido asistir a la reunión, y le fue entregado el documento minutos antes de comparecer ante la prensa. Leyó el comunicado por primera vez directamente ante los periodistas, que atónitos, no lograban creer lo que realmente significaban los artículos aprobados. “Las peticiones de viajes particulares al extranjero pueden solicitarse sin condiciones previas. Las autorizaciones se emitirán sin demora. Los departamentos de las comisarías de la Volskpolizei en la RDA están para recoger y conceder inmediatamente los visados de salida definitiva sin aplicar las condiciones aún en vigor. Las salidas definitivas pueden efectuarse a través de todos los puestos fronterizos entre la RFA y la RDA y Berlín Oeste.”

El temblor informativo no llegó a su máximo apogeo, sin embargo, hasta que Schabowski no respondió a la pregunta de un periodista alemán occidental:

-“¿Cuándo entra en vigor esta normativa?”

Schabowski interrumpió su propio titubeo nervioso con una espontánea afirmación destinada a cambiar el mundo:

-“Inmediatamente”.

La información era incorrecta, ya que el nuevo reglamento no debía haberse puesto en marcha hasta la mañana siguiente, una vez hubiesen recibido las órdenes adecuadas las fuerzas de la seguridad y la guardia fronteriza. En ese momento, los corresponsales de agencias informativas ya enviaban titulares bajo la categoría de ‘urgente’: “La RDA abre sus fronteras”.
"El Muro nunca estuvo oficialmente abierto, todo fue resultado de un malentendido dentro del partido"


Pasaban las siete de la tarde del 9 de noviembre y la noticia empezó a correr como la pólvora, sacando a miles de personas a las calles de Berlín con un objetivo común: traspasar el Muro.

“Nadie pensó que el Muro sería abierto; de hecho, nunca estuvo oficialmente abierto, todo fue resultado de un malentendido dentro del partido”, explica Jean-Marc Gonin, quien no asistió a la famosa rueda de prensa pero sí recibió la información esa misma tarde. “Fue la propia riada de gente, en masa, la que creó tal presión popular y física que logró la apertura efectiva”, asegura su colega Olivier Guez.

Ni un disparo

“El destino jugó un papel importante, porque no pasó nada, pero pudo haber pasado”, apunta Santiago García Echevarría. Semanas antes, el Ejército estuvo desfilando de manera amenazadora en Berlín Oriental, quizá en un desesperado intento de enmascarar la agonía que atravesaba el régimen socialista.

El eurodiputado alemán Norbert Glante, del grupo socialdemócrata del Parlamento Europeo, también incide en lo extraordinario del desarrollo pacífico de los acontecimientos durante esa noche: “Lo más importante fue que, al final, todo se produjo de un modo pacífico. ¡Recordemos lo que pasó en la plaza de Tiananmen de Pekín!”.

Peter Fechter protagonizó uno de los dramáticos y fallidos intentos de huida de la RDA y murió tiroteado al intentar cruzar el Muro.


La calma de la noche del 9 de noviembre de 1989 contrastó con sangrientos y dramáticos episodios previos que tuvieron lugar alrededor del Muro: 192 personas murieron por disparos al intentar cruzarlo y otras 200 resultaron gravemente heridas. Se contabilizaron unas 5000 fugas a Berlín Occidental. El intento fallido más difundido fue el de Peter Fechter, quien tratando de traspasar la barrera de hormigón con un amigo, fue tiroteado y se le dejó morir desangrado a la vista de los medios occidentales el 17 de agosto de 1962.

Desde el otro lado

Norbert Glante, al igual que su compañera alemana en la Eurocámara Franziska Keller, eurodiputada en el Grupo de los Verdes, vivió el acontecimiento desde el otro lado del Muro, en la localidad de Werder, perteneciente a la RDA. Glante escuchó la noticia por la radio al día siguiente, y le costó creerla. Lo hizo cuando pudo cruzar Berlín días después: “Fue muy especial cruzar el puente de Glienicker –que une Alemania oriental con Berlín occidental- en mi coche, fue mi primera vez en Berlín occidental y visité la Kurfürstendamm –calle comercial por excelencia en el Berlín de la RFA-, que antes parecía tan inalcanzable”.

Franziska Keller, de 28 años, sólo era una niña, y asegura que la primera vez que cruzó el Muro se sintió muy impresionada. “Tras la caída del Muro, muchas cosas cambiaron con respecto a la educación en los colegios, lo que me afectó en gran manera”, explica a ESTRELLA DIGITAL. También recuerda que las primeras elecciones libres fueron vividas por sus padres como un importante acontecimiento, celebrado con alegría.

Berlín reunificado

“Berlín se ha convertido en una ciudad muy distinta, pero aún se puede adivinar qué parte perteneció a la zona oriental y qué parte a la occidental”, señala Jean-Marc Gonin. El periodista francés también subraya que la reunificación tuvo sombras que marcaron a una generación de alemanes del Este. La mayor parte de los que contaban 40 años cuando cayó el Muro y fue reunificada Alemania, nunca consiguieron un trabajo ni se integraron en el nuevo país. “La gente más joven se adaptó mucho mejor a la nueva situación y no pasaron por lo mismo”, indica el corresponsal galo.

Berlín conmemora con decenas de exposiciones el aniversario de la caída del Muro.


Para la eurodiputada Keller, que formó parte de esta generación joven de alemanes orientales, “Berlín es una ciudad muy viva, y gran parte de esa viveza y dinamismo procede de los espacios libres que florecieron tras la caída del Muro”.

“Berlín se ha convertido en una ciudad muy moderna, la meca de mucha gente, pero con la concepción de que no se pierda la consciencia de lo sucedido”, opina García Echevarría.

El éxito de la reunificación está marcado por el compromiso de los alemanes para levantar su país. García Echevarría recuerda que catedráticos y juristas de la RFA se prestaron a recorrer semanalmente el país en rudimentarios medios de transporte con el fin de dotar de recursos a la recién fulminada RDA: “Actuaron sin remuneración, sólo por vocación de contribuir a solucionar un problema de la trascendencia de la unificación de Alemania. Y se hizo como cosa natural, hasta que se fueron ocupando las cátedras en la universidad, los tribunales de justicia…”.

En cualquier caso, la conmemoración de los veinte años que han transcurrido desde el desplome del Muro de Berlín va dirigida principalmente a los jóvenes que no han conocido una Europa en guerra. “Es la primera vez de un tramo tan largo de paz, y esto la gente joven debe saberlo”, insiste el catedrático de Política Económica. García Echevarría pone como ejemplo de esta necesidad de consciencia las publicaciones y películas recientes (Good bye, Lenin, La vida de los otros) que tratan de refrescar la memoria de estos acontecimientos y darles vigencia para que no sean olvidados.
La mayor parte de los que contaban 40 años cuando fue reunificada Alemania, nunca consiguió un empleo

Cae el Muro, finaliza el siglo XX

Todos coinciden en que el Muro funciona como un símbolo que marcó un hito histórico. Para Olivier Guez, supone “el fin del siglo XX en Europa”, y abre una nueva fase en el tablero internacional.

¿Se trata del acontecimiento del siglo XX que más rápido cambió el mundo en menos tiempo? García Echevarría lo asevera en una relampagueante reacción, sin atisbo de duda: “Berlín representaba la confluencia de dos mundos, el libre y el cerrado. Al caer el muro, cae el símbolo, por lo que sobrepasa el alcance alemán y se entiende que esa fase histórica ha acabado”.