Primo Levi, el equilibrio entre el testimonio y la ficción
Superviviente del Holocausto, dejó una extensa obra en la que destacan los cuentos, que ahora se publican en español en un volumen
Autor de uno de los libros más importantes del siglo XX, Si esto es un hombre (1947), el escritor judío Primo Levi (Turín 1919-1987) fue un superviviente del Holocausto, hecho que marcó su vida y que condicionó su literatura, en la que los cuentos tienen una importante presencia. Químico de formación, Levi está considerado un autor diferente, con un modo de narrar poco tradicional, y durante años la crítica se limitó a calificarle como testigo del horror nazi, negándole el papel de autor y menospreciando su capacidad inventiva. Un volumen recopilado por El Aleph Editores ofrece al lector español la posibilidad de completar la figura de un escritor que, según el editor Marco Belpoliti, no encaja “en ninguna categoría preestablecida”
ESTHER GINÉS
La vida de Primo Levi se apagó en Turín hace poco más de 20 años, un tiempo en el que los que los críticos han seguido fantaseando sobre las causas de su muerte. Parece ser que el autor judío de origen italiano, que desde hacía años se dedicaba por completo a la escritura, se suicidó arrojándose por el hueco de la escalera de su vivienda. Sin embargo, no dejó ninguna nota explicativa, y son muchas las personas de su entorno las que han negado esta hipótesis.

Su muerte, pues, fue tan ambigua como su escritura, calificada por unos como híbrida y por otros como impura. Para muchos críticos fue sólo un testigo más del horror que millones de judíos sufrieron a manos de los nazis. El propio Levi, químico de profesión (se puede decir que sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz gracias a sus conocimientos, que le valieron un puesto como técnico en una factoría nazi), se encargaba siempre de potenciar esa naturaleza híbrida, como la del centauro de uno de sus cuentos, dejando claro que era tanto un narrador realista como uno fantástico. Mitad judío mitad italiano, mitad químico mitad autor, testigo de la barbarie e inventor de historias, Levi se definía como el ‘escritor-no-escritor’, aunque en el fondo sabía que caben pocas dudas sobre la firmeza de su vocación.
Todas esas piezas encajan perfectamente en la colección de cuentos que construyó a lo largo de su vida. Porque Levi fue, ante todo, un cuentista. Hasta su obra más conocida, la novela
Si esto es un hombre (1947), en la que Levi habla de la atroz degradación del ser humano, convertido en un número sin nombre, está constituida por breves relatos que desarrollan sus vivencias en el campo de concentración, del que consiguió salir vivo, aunque una parte de sí mismo, como le ocurrió a otros compañeros, se quedó para siempre enterrada junto a los miles de cadáveres apilados y olvidados en aquella suerte de infierno terrenal que fue Auschwitz.
Primo Levi volvió a Turín después del Holocausto
Al igual que su vida, su escritura quedaría fragmentada para siempre tras esa experiencia, por eso Levi nunca pudo ser considerado un escritor al uso. Aunque ya escribía cuentos antes de ser deportado, él mismo recordó en varias entrevistas que Auschwitz le había convertido en escritor.
Un autor “de gran imaginación”
Bernat Puigtobella, editor de Grupo 62, explica a ESTRELLA DIGITAL que el escritor judío era conocido “por su testimonio concentracionario” –hay que recordar que
Si esto es un hombre está considerado el texto fundacional de la literatura concentracionaria-, motivo por el cual muchos lectores y los propios críticos dedujeron que para escribir sobre Auschwitz “no era necesario desplegar dotes imaginativas”. Sin embargo, en opinión de Puigtobella, esa idea “es totalmente falsa”.
“Durante años se cuestionó que Primo Levi fuera un verdadero autor, y estos
Cuentos completos son la prueba definitiva de que nos encontramos ante un autor de gran imaginación”, comenta. Marco Belpoliti, responsable de la reciente edición de El Aleph, refuerza esta idea: “los lectores de este volumen, que reúne todos sus cuentos, comprenderán que Levi mezcla las historias reales con los elementos de ficción”.
El propio escritor no se molestó en situar sus cuentos en el género realista o en el de ficción. Como afirma Belpoliti, a lo largo de su trayectoria como narrador Levi “experimentó con muchos tipos de cuento, sin que le preocupara demasiado si eran realistas, fantásticos, de ciencia ficción, de corte negro, autobiográficos o memorialistas”.
Moralista y, en ocasiones, incluso pedagógico, de la lectura de sus textos se desprende que, ante todo, fue un cuentista. Todas sus obras –con excepción de S
i ahora no, ¿cuándo?-son libros de cuentos que contienen microtextos dentro de un marco general que da sentido al texto.
La parodia, un elemento clave en sus textos
Aunque difíciles de clasificar, los relatos de Primo Levi tienen algo en común: la presencia de la parodia, una de las claves de su literatura, y que también encontramos en algunos de sus autores de referencia, como Dante o Rabelais. La parodia, una manifestación más de la ironía, tiene, como los textos del propio Levi, un carácter ambiguo: divierte y molesta, afirma al igual que desmiente. Hasta para hablar de sus propias vivencias, Levi elige la parodia antes que la ficción, acaso porque la primera no pone en duda la realidad. El autor, que siempre tuvo claro que tenía ‘algo’ que contar, se centró en cómo hacerlo, más que en lo que contaba. La forma para Levi fue siempre esencial, y por eso tocó todos los géneros posibles, a los que puso al servicio de su causa literaria.
Otro elemento presente en las historias del autor judío es el universo de Auschwitz. Tantos sus textos fantásticos como los de
El sistema periódico aluden constantemente al campo de exterminio, donde el lector asiste al macabro espectáculo de una racionalidad y una irracionalidad que han cambiado sus papeles, dando lugar a una insoportable realidad de la que es imposible escapar.
El autor judío compaginó su profesión de químico con la escritura
Entender los cuentos de Primo Levi –incluso los más divertidos y ligeros- exige entender primero la naturaleza dual del escritor, volver a ese autor partido en dos o con doble naturalezas, como el centauro que protagoniza uno de sus textos. Belpoliti recuerda al lector que la división “es la clave de lectura más adecuada para seguir el recorrido trazado por sus cuentos, en los que los animales juegan un papel importante”.
Dos cuentos inéditos
El volumen incluye todos los libros de cuentos de Levi:
Historias naturales, traducido por Carmen Martín Gaite;
Defecto de forma, que se reeditó con una carta del propio autor, en la que lamentaba que ese libro fuera el menos considerado por los críticos, para quienes no era lo bastante catastrófico;
El sistema periódico, también con traducción de Martín Gaite;
Lilit y otros relatos y
Última Navidad de guerra, un volumen de cuentos disperso y recopilado por Belpoliti.
De estos cinco volúmenes, cuatro ya estaban en el catálogo de El Aleph. El restante,
Defecto de forma, estaba “perdido y descatalogado”, según explica el editor Bernat Puigtobella, quien compró los derechos al traductor, Ángel Sánchez Gijón., padre de la conocida actriz Aitana Sánchez Gijón.
Además, hay dos textos inéditos,
El fin de Marinese y
Carne de oso, que aparecen al final del volumen, agrupados bajo el título
Cuentos dispersos, que nunca se habían recogido en un libro y no se habían traducido al español. El primero trata del intento de fuga de un soldado de la II Guerrra Mundial, mientras el segundo lo protagonizan unos alpinistas durante una estancia en un refugio. La edición que publica El Aleph es, sin duda, una oportunidad de redescubrir el testimonio de una de las voces más importantes del siglo XX, un luchador nato que trató de que la voz de muchos hombres, apagada por un brutal exterminio, no se perdiera en el olvido.