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Los siete pecados capitales de Silvio Berlusconi

Lujuria y gula de sexo y drogas en residencias oficiales, avaricia empresarial con tintes monopolísticos, pereza para detener la ambigüedad y doble juego ante la invasión de Iraq, ira contra los comunistas italianos como principal argumento electoral, envidia de sus homólogos europeos por su escasa solvencia internacional y, por encima de todo, la soberbia del que se cree intocable por la ley. La trayectoria política de Silvio Berlusconi sirve en bandeja los siete pecados capitales del primer ministro de Italia, tras la reciente reapertura de dos procesos judiciales que, una vez más, tratará de esquivar el multimillonario milanés.

PATRICIA C. SERRANO

A mediados de los años sesenta, un joven milanés llamado Silvio Berlusconi que había juntado algunos ahorros como cantante y animador, comenzó una aventura empresarial en el campo de la inmobiliaria, seducido cual romántico crónico por la ciudad perfecta que dibujó Tomás Moro en su obra renacentista Utopía. Casi medio siglo después, su nombre es sinónimo de polémica y sentimientos radicales y encontrados; es el hombre más rico de Italia y el octavo de Europa, según publicó la revista Forbes en 2001, y gobierna actualmente su país, siendo la tercera vez en ocupar el puesto de primer ministro.

El escándalo impregna de manera inseparable su biografía, repleta de conflictos de intereses y condenas por turbios 'tejemanejes' empresariales. Casi ocho años, como mínimo, hubiera pasado el actual primer ministro italiano en la cárcel por condenas efectivas de no haber sido por su habilidad para evadir la justicia . Su último intento con la promulgación de una ley que le concedería inmunidad jurídica ha sido recientemente bloqueado por el Tribunal Constitucional del país, dejando la puerta abierta a que Berlusconi pueda sentarse en el banquillo de los acusados en, al menos, dos procesos judiciales.
Silvio Berlusconi
Silvio Berlusconi, líder incombustible a pesar de sus sonados escándalos.


Soberbia

Contabilidad fraudulenta, soborno a un cuerpo policial de Hacienda, evasión de impuestos desde paraísos fiscales y empresas fantasma, sobornos para prestar falso testimonio en juicios, cohecho, perjurio, corrupción, financiación ilegal a partidos políticos, integran la larga lista con forma de expediente judicial de Silvio Berlusconi, quien, milagrosamente, ha conseguido librarse de todas las sentencias condenatorias impuestas, reafirmando su imagen de ciudadano intocable por la justicia. Él mismo parece sentirse orgulloso de ello: “Existe aún algún juerguista que tiene el coraje de mantener aún que debería dejarme procesar. Pero contra mí ha habido 109 procedimientos, más de 2.500 audiencias, más de 530 investigaciones y he tenido que gastar más de 200 millones de euros para pagar asesorías y abogados”.

Desde su primera condena por fraude a 16 meses de prisión, en 1987, el empresario milanés ha toreado a los tribunales italianos con la ayuda de decretos urgentes de amigos con poder político, como el antiguo primer ministro socialista Bettino Craxi, y más tarde, ejerciendo él mismo el gobierno, con leyes cortadas a su medida.
Casi ocho años hubiera pasado Berlusconi en la cárcel por condenas efectivas que logró evadir
Entre éstas destacan las conocidas como Laudo Schiffani (2003) y Laudo Alfano (2008), ambas versiones de una misma idea: revestirse de inmunidad jurídica como primer ministro italiano justo en un momento de severo acecho judicial por delitos varios. Las dos leyes fueron declaradas inconstitucionales por el Alto Tribunal italiano, la Schiffani en 2004 y la Alfano hace unos días, por nueve votos a seis, arrastrando un nuevo terremoto de reacciones cuyo epicentro vuelve a situarse sobre Il Cavaliere. “Jamás pensé que un Tribunal Constitucional con 11 jueces de izquierdas aprobase el texto. Era imposible”, justificó el primer ministro italiano al conocer el dictamen judicial.

Un as en la manga

A pesar de esto, Milagrosa Romero Samper, ex profesora de las universidades italianas de Trento y L’Aquila, donde estuvo trabajando durante diez años, apunta a la ambigüedad del asunto de la inmunidad para altos cargos políticos, y recuerda que esta condición especial ante la justicia fue contemplada en la Constitución de 1946 y suprimida posteriormente, en 1993. “En la actualidad no existe un acuerdo claro sobre este tema”, explica, “porque, independientemente del caso de Berlusconi, hay personalidades muy respetadas como Marco Panella, líder del Partido Radical, que argumenta que la no existencia de una inmunidad pone en riesgo los vértices de las instituciones, en detrimento de la estabilidad política”.


Pero el polémico magnate tiene razones para no dejar que cunda el pánico. El as que se ha sacado de la manga Berlusconi viene en forma de proyecto de reforma de la justicia italiana que le aseguraría un nuevo blindaje, no tan inmediato como el de las leyes Alfano y Schiffani, pero efectivo.
Las leyes Schiffani y Alfano trataron de dotar al primer ministro de inmunidad ante el acecho judicial
La principal medida incluida en el ‘paquete’, la que más favorece el caso particular del primer ministro, establece la obligatoriedad para los jueces de admitir todo tipo de pruebas, testigos y cambios de fecha en los procesos judiciales. En definitiva, otorga un mayor poder a la defensa, que hallaría una vía libre para entorpecer los juicios y ralentizarlos. El delito del ‘caso Mills’, por ejemplo, prescribiría en marzo de 2010, unos pocos meses en los que los abogados de Berlusconi podrían divertirse haciendo malabares para asegurar que no haya sentencia para entonces.

Avaricia

La polémica vuelve a estar servida en el menú político italiano. Con el veto a la inmunidad de la que gozaba hasta ahora el magnate de la comunicación milanés, quedan reabiertos dos procesos judiciales contra él, que se suman a una causa actualmente en investigación y otra a punto de ser archivada.
Berlusconi y Bush
Bush encontró en Berlusconi a un aliado en la guerra de Iraq, que pasó grave factura al italiano.


Dado el curso de los acontecimientos y recordando algunos antecedentes, cuesta imaginar al primer ministro italiano sentado ante un tribunal. Sin embargo, la profesora Milagrosa Romero advierte que este hecho no resulta tan escandaloso en el contexto italiano, y llama la atención sobre el caso del ex primer ministro Giulio Andreotti, quien logró zafarse de la justicia en casos tan graves como el secuestro y asesinato de Aldo Moro en 1978 y su posible complicidad con la Cosa Nostra en los años 90, entre otros escándalos que protagonizó durante sus sesenta años de vida política en Italia. “Lo de escaparse de la ley es muy típico italiano”, comenta. “La corrupción es un elemento que mancha a gran parte de los políticos del país, porque la relación entre empresa y política ha funcionado así como sistema”, explica la ex profesora de las universidades italianas de Trento y L’Aquila.

Entre las próximas citas de Berlusconi con los tribunales, la lupa está puesta sobre el ‘caso Mills’, por el que el primer ministro tendrá que comparecer como acusado del pago de 580.000 euros al abogado inglés David Mills, quien prestó falso testimonio en dos procesos celebrados contra él en 1997 y 1998. Un segundo juicio que quedó suspendido en virtud de la aplicación de la Ley Alfano investiga la turbia compra-venta de derechos de películas estadounidenses por Mediaset, el grupo televisivo del mandatario, sobre los que engrosó su valor a través de operaciones con empresas fantasma, todas ellas propiedad de Berlusconi.
A pesar del conflicto de intereses surgido con la llegada de Berlusconi al poder, éste evitó romper con su imperio económico


A pesar del grave conflicto de intereses surgido desde su primer triunfo electoral, en 1994, por la incompatibilidad del ejercicio de gobierno con sus largos tentáculos empresariales, el primer ministro italiano siempre jugó muy bien sus cartas para posponer una ruptura con su poder económico. Desde entonces y hasta la actualidad, el imperio mediático y empresarial continúa creciendo en las manos de familiares cercanos y gente de su confianza, lo que le garantiza ejercer la influencia de modo permanente y seguir llenando de oro sus arcas personales.

Lujuria y gula en Villa Certosa

El mandatario milanés acaparó el protagonismo en el escándalo sexual del año, que tuvo como escenario su propio palacete en Cerdeña, conocido como Villa Certosa. El empresario y traficante de drogas Gianpaolo Tarantini se afanó en la organización de suntuosas fiestas que incluían consumo de estupefacientes y prostitutas especialmente elegidas para agasajar a Silvio Berlusconi. Una de ellas, la meretriz de lujo Patrizia D’Addario, destapó el pastel a base de declaraciones a la prensa y presentación de grabaciones comprometedoras a los tribunales de sus noches de ‘vino y rosas’ en tan señalada residencia. Tarantini fue detenido y se encuentra procesado, mientras que el empresario milanés aseguró desconocer que las chicas fueran prostitutas, para después jactarse de no haber pagado nunca por la compañía de una mujer.
Villa Certosa
Villa Certosa fue el escenario del mayor escándalo sexual del año, con Berlusconi como protagonista.


La publicación de fotografías de las inmediaciones de la finca que mostraban a los invitados de Berlusconi sin demasiada ropa y en actitudes que dejaron poco a la imaginación, alimentaron un escándalo que mantuvo a la prensa italiana al rojo vivo.

Pereza, envidia, ira: el desastre internacional y la vuelta al ruedo

Berlusconi nunca ha logrado despuntar por ninguna habilidad diplomática en los foros internacionales. A pesar de los puntuales apoyos del ex presidente español José María Aznar y del canciller alemán Helmut Kohl, el mandatario italiano nunca ha sido un líder creíble ni con prestigio entre los países europeos, que han observado atónitos el constante triunfo político de un empresario multimillonario.

Uno de los mayores batacazos en política exterior del milanés lo supuso la guerra de Iraq, en la que, guiado por una actitud perezosa y sin complejos, Berlusconi jugó a la ambigüedad y siguió la corriente del presidente norteamericano George W. Bush con una dotación militar italiana para la contienda. El alto rechazo popular que generó la decisión fue contestada por el primer ministro con una galería de maniobras en zigzag, destinadas a no dañar su imagen entre el pueblo. Así, Berlusconi permitió a EEUU el uso de bases militares estratégicas pero no para el lanzamiento de ataques directos, e intentó distanciarse de las actitudes más beligerantes adoptadas por otros líderes europeos como Tony Blair o José María Aznar.
La ira de Berlusconi se volcó sobre "los comunistas" como principal argumento electoral


Lo que Berlusconi consideró una “obra maestra diplomática” pronto se tornó en drama con el atentado perpetrado por islamistas próximos a Al Qaeda contra el cuartel de los Carabinieri en Nasiriyah, un área iraquí en principio segura, y que acabó con la vida de 19 italianos, dos de ellos civiles. La popularidad de Berlusconi cayó en picado entre una conmocionada sociedad italiana, un hecho que no impidió el nuevo golpe de efecto del mandatario: en tiempo de descuento para las elecciones, el milanés anuncia el repliegue de tropas.

Aunque no fue capaz de vencer a Romano Prodi, líder de la coalición de izquierda en las generales de 2006, Berlusconi volvió a aprovechar un nuevo desmoronamiento y falta de credibilidad de la izquierda italiana, y lanzó un agresivo ataque contra estos partidos para asegurarse una final victoria en 2008. La ira de Berlusconi se volcó sobre “los comunistas”, una vez más, como principal argumento electoral, con el que consiguió meter el miedo en el cuerpo a los italianos dibujando un Estado fiscalizador y sin las libertadesque él garantizaba.

Siete pecados y una virtud: el éxito incombustible

Con años de condenas a sus espaldas, negocios corruptos, conflicto de intereses en sus gobiernos, incorrección política y escándalos sexuales a la orden del día, la pregunta del millón aún no tiene respuesta: ¿por qué Berlusconi sigue siendo el político más votado en su país? Aunque no exista un motivo claro, sí deben tenerse en cuenta elementos históricos y sociales propios de la cultura italiana.

Por un lado, Milagrosa Romero explica el éxito de Berlusconi por la mentalidad empresarial del país, que es fuente de su riqueza y principal motor económico. “Cuando se vertía algún dato relevante económico, el primero que era entrevistado en los medios no era el ministro de Economía, sino el presidente de la FIAT”, recuerda la profesora de su experiencia en Italia. Para la docente, Berlusconi “simboliza la empresa, supo interpretar esa perspectiva y llevarla al terreno político”. Además, Berlusconi apareció en la arena política en un momento de hastío y gobiernos efímeros, y su personalidad alejada del canon tradicional sedujo a los italianos por su frescura y renovación, articulada en un lenguaje antes desconocido, el del populismo audiovisual.
"Berlusconi no es genio del mal, es producto de la destrucción de la democracia y del Estado de derecho"


El carácter conservador de Italia, país donde triunfa la derecha históricamente; la práctica anulación de la izquierda como ideología política tras la Guerra Fría, el monopolio mediático que encumbró a Berlusconi desde las televisiones de todos los hogares y el cansancio de los votantes italianos, que se saben sin opciones a la hora de emitir su sufragio, componen un menú a la carta que apunta el sociólogo e historiador francés Marc Lazar como otros de los posibles motivos que explican el liderazgo incombustible del empresario.

El parlamentario Marco Panella, del Partido Radical, lo explica de otra manera: “Berlusconi no es el genio del mal; es producto de la destrucción de la democracia y del Estado de derecho (…) en un cierto momento ha dejado de creer que podía ser el gran innovador liberal, y se ha convertido en el administrador que debía ganar, y eso no le ha bastado. Y como es humano, ha buscado distracciones: porque no hay plenitud”. Sea o no el genio del mal, Berlusconi ha hecho propio el arte de nadar entre los siete pecados capitales en aguas de la católica sociedad italiana.