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02/12/2009
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Anatomía detallada de las brujas españolas

Tras su aventura con los monstruos nacionales, la filóloga se sumerge en el universo de los poderes mágicos de las mujeres

Después de recorrer toda la geografía española en busca de esos monstruos que antaño se escondían bajo las camas de los niños, Ana Cristina Herreros ha decidido hacer lo propio con las brujas, no fuera que estas se ofendieran por no haber aparecido en el popular Libro de monstruos españoles. La filóloga y cuentista leonesa, acompañada de nuevo en esta aventura por las magníficas ilustraciones de Jesús Gabán, ha hablado con ESTRELLA DIGITAL sobre el Libro de brujas españolas (Siruela), una obra con la que describe a estas "mujeres normales y corrientes que tenían poder y lo usaban".

esther ginés

madrid

Puede que, en el fondo, las brujas sí que estuvieran enfadadas con Ana Cristina Herreros por no haber aparecido en su anterior libro, ya que una serie de fatalidades casi impidieron que el Libro de brujas españolas viera la luz. Su autora, que después de tratar con tanto monstruo y tanta meiga ya cree "en todo", lo cuenta con filosofía.

"Tuve que reescribir el libro por completo, ya que tenía que entregarlo en abril, pero un mes antes me fui a un congreso sobre brujas y en el viaje de vuelta me robaron la mochila con todo: el portátil, las copias de seguridad, mi agenda...una locura", cuenta la autora.

No quedó ahí la cosa. En agosto, ya con ordenador nuevo, durante un viaje a Cuba y mientras repasaba las últimas correcciones de la obra, unas turbulencias formatearon el disco duro. "Eso sí que fue obra de las brujas de La Habana, que no se sentían representadas en el libro, por eso decidí acabarlo con el cuento Las brujas vuelan a La Habana", dice Herreros entre risas.

Desmontar tópicos como el de la bruja con capirote

Las hechiceras iban a formar parte del anterior libro, el de Monstruos españoles, pero la filóloga se dio cuenta de que había tantas como para hacer otra obra. En la cornisa cantábrica, por ejemplo, había muchas historias de divinidades acuáticas paganas, las xanas y las anjanas. Ambas eran "personajes femeninos con poderes mágicos, que pueden obrar el bien o el mal". Cuando el cristianismo llegó a esas zonas, comenta la filóloga, "estos seres fueron declarados brujas". No desaparecieron de la tradición oral, pero en muchos casos cambiaron de nombre o de costumbres.

Así apareció este libro, formado por cuentos y leyendas de la geografía nacional, que desmonta el tópico de que todas las brujas son malas. La autora considera que gran parte de la culpa de este tópico la tiene la factoría Disney, que "durante décadas ha vendido el cuento de las hadas buenas y las brujas malas de capirote y verruga en la nariz". "Las nuestras llevaban mandil y pañuelo en la cabeza, como campesinas que eran", cuenta. Lo del capirote queda, por tanto, para las condenadas por la Inquisición, que eran sometidas a escarnio público antes de ser quemadas, y por eso se les ponía un capirote.

Un personaje histórico y también de cuento

La autora recuerda que es importante distinguir a la bruja como personaje histórico -las mujeres quemadas en la hoguera- de la bruja como personaje maravilloso -la que pertenece al mundo de los cuentos y la tradición oral-. El vínculo entre ellas existe, porque las brujas de los cuentos no siempre están asociadas al demonio. "Normalmente son ancianas que ofrecen un elemento mágico que ayuda o dificulta al protagonista. Depende de cómo se las trate, pueden ser buenas o malas", advierte Ana Cristina Herreros.

El libro también se ocupa de las brujas con nombre propio, como Cristinita, la bruja de Alcolea. Estas historias, normalmente familiares, las ha recogido la autora de la tradición oral. "Mi objetivo en este libro era aunar los cuentos asociados a la tradición sajona -que la gente piensa que son de Disney o de los hermanos Grimm-, y explicar que en España también se contaban, pero adaptados al lugar".

Como ejemplo, recuerda que en León tenían a Blancanieves, pero no con los siete enanitos, sino con los siete ladrones. "Es un cuento impresionante, porque está mezclado con historias de Las mil y una noches y está contado por una mujer analfabeta", explica. "Lo que me parecía más increíble es ver que hay motivos folclóricos que migran de un país a otro". En este viaje fascinante, la autora encontró en Barcelona al Gigante del ojo en la frente, que casualmente es el mismo que Homero retrató en su Odisea. "Me lo contó una señora analfabeta que por supuesto no había leído a Homero. Es un ejemplo de cómo las tradiciones orales siguen circulando con los siglos, algo que a un filólogo no deja de impresionarle", resume.

"Los cuentos populares son políticamente incorrectos "

Preguntada por las reacciones que provocan sus libros, Ana Cristina Herreros explica que hoy en día los cuentos populares son "políticamente incorrectos: a muchos padres no les gustan. Se interpretan mal, se dice que los finales son crueles pero son justos, y además los niños distinguen entre el cuento y la realidad", explica la filóloga, quien considera que la justicia "no debe desaparecer de los cuentos".

"El miedo no es malo, porque todos los humanos lo compartimos, es algo que nos une; lo que es malo es el miedo que sirve para manipular", cuenta esta mujer optimista, que confiesa que el tándem Jesús Gabán-Ana Cristina Herreros funciona "a la perfección". "Sus ilustraciones, en especial las de esta obra, están llenas de detalles que a veces descubres después de varias miradas; se ha recreado en contar la historia de cada bruja", comenta.

La filóloga y cuentista, que ya tiene en mente un nuevo trabajo que hablará sobre la figura de la muerte -representada en otros tiempos como una mujer justa y hasta como una madre-, reivindica el poder de las mujeres y desearía que hoy en día "fuéramos un poco más brujas". "A medida que crecemos nos damos cuenta de nuestro propio poder", recuerda.


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