A la presidenta madrileña le ha comido la lengua un gato y, con tacones o sin ellos, Esperanza Aguirre no se atreve a hablar porque tiene sobre su cabeza la espada que el santo Job, Rajoy, ha colocado como unas lenguas de fuego del Espíritu Santo por encima de las cabezas de todos sus barones periféricos. Advirtiendo que el que hable será expulsado de las listas de las elecciones previstas para los próximos años. Sin excluir otras medidas de más urgente efecto, como la posibilidad de imponer una gestora en el PP de Madrid, posibilidad que tiene aterrorizado al "aguirrismo", cuyos gerifaltes deben de estar comprando cacerolas para darle una serenata a Rajoy si el santo Job decidiera cortarle las alas a la gallina ciega y furiosa de la Puerta del Sol, que de momento ha dejado de cacarear.
Eso sí, Aguirre calla pero sigue movilizando a su gente en contra de Rajoy y de la dirección nacional del partido, montando actos premeditados en los que sale aclamada en todas sus apariciones públicas -suele tener varias al día, por lo que no da golpe en el despacho-, como lo hiciera con la famosa recogida de firmas contra Cobo que Rajoy calificó de "inadmisible", por la presión que con ello se quería ejercer contra la dirección nacional del PP.
En cuanto al vicealcalde Cobo, tenemos que decir que, como anunció días atrás Cuatro TV -y él se mofaba de ello-, ha sido suspendido de militancia y falta saber por cuánto tiempo. Un castigo ejemplar que merece Cobo pero no por haber dicho la verdad, que la dijo en
El País
y en el Comité Ejecutivo del PP, sino por lo mal que se expresó en ambas intervenciones dando fe de que necesita un "negro" que le escriba porque no se le entiende, cabrea de manera gratuita y no llega al personal. Suspenso, pues, en redacción, y un notable alto a Gallardón por la espléndida compañía que lució el lunes -de ceniza, previo al comité- en el restaurante O Pazo (hay fotos de móvil), un lugar de buen comer.
Gallardón dice que Cobo seguirá en su puesto, lo que nos parece bien, y es de suponer que el chino de la coleta blanca, I. González, ex presidente
in pectore
de Caja Madrid, seguirá en el suyo, pero los dos números dos de Aguirre y Gallardón salen un poco tocados, y el chino más, porque se veía desayunando un día de éstos con Paco González y Emilio Botín, banquero este último que, por cierto, ha aparecido en una espléndida foto haciéndole una espectacular reverencia al cardenal Rouco Varela, lo que quiere decir que la Iglesia es o será cliente del Banco Santander, porque don Emilio no da puntada, ni cabezazo, sin hilo de oro.
O sea, Aguirre con su operación nécora de redada de fanáticos para que le toquen las palmas como en Sevilla a la Macarena, y Gallardón dedicado a la operación centolla, que es mucho más apetitosa y placentera. Además, a él no le ha comido la lengua el gato como a Aguirre, que era tan locuaz, porque el alcalde ha sido siempre más discreto y sibilino, aunque está claro que este príncipe sin reino del PP le ha ganado el pulso a la condesa en lo de Caja Madrid, pero la cosa todavía está por ver. Recordemos ahora lo que dijo el ex ministro Semprún cuando pillaron a Pilar Miró comprando ropa de Loewe con la tarjeta de RTVE, y ella parecía derrotada: "la morita no está muerta".
Pues eso, porque a nada que las palmas sevillanas que le tocan a la condesa de Bombay por los pueblos de Madrid arrecien en son de tango, esta loca es capaz de cargarse la candidatura de Rato de Caja Madrid y echar las patas por alto, lanzando al aire sus zapatos de tacón. Los que suenan lejanos de la sede central del PP donde Rajoy y Cospedal deben de estar tomándose unos refrescos para descansar, pero sin dormirse en los presuntos laureles porque al santo Job le volverán a crecer lo enanos a la primera oportunidad que se les presente a sus adversarios. Y entonces puede que estos ruidosos tacones de la condesa Aguirre que se escuchan lejanos un día de éstos empiecen a repicar por la calle Génova, porque dicho está, la cabra echa al monte. No lo puede evitar, lo lleva en su carácter, como el alacrán.