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14/09/2009

Javier Sáez de Ibarra: "El cuento es exigente comparado con la mayoría de las novelas"

'Mirar al agua. Cuentos plásticos' ha ganado el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero

Vino y cultura caminan de la mano a raíz del nacimiento del Ribera del Duero, un premio literario con vocación de permanencia y dimensión internacional, que con 50.000 euros otorga la mayor dotación en el género del cuento y que tendrá carácter bianual. La primera edición ya tiene ganador, Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961), premiado por su obra Mirar al agua. Cuentos Plásticos, que acaba de publicar la editorial Páginas de Espuma coincidiendo con su décimo aniversario. Más de 500 manuscritos se presentaron a esta primera edición, en la que autores de la talla de Fernando Iwasaki, Eduardo Halfón o Juan Carlos Márquez quedaron finalistas. Todo apunta a que este galardón está llamado a convertirse en un reconocimiento de referencia, y sin duda enriquecerá al cuento, que vive un excelente momento literario. Sáez de Ibarra ha hablado con ESTRELLA DIGITAL sobre estos cuentos que "duelen", según el escritor Eloy Tizón.

ESTHER GINÉS

madrid

En un país en el que se lee más bien poco y en el que la novela es la reina de los corazones de la mayoría de lectores, el escritor y profesor vitoriano Javier Sáez de Ibarra lanza una advertencia a través de su libro de relatos Mirar al agua, con el que, además de haber ganado el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, reclama el espacio literario que el cuento merece.

Autor de otras dos obras de relatos, El lector de Spinoza y Propuesta imposible, ambos publicados por Páginas de Espuma, el jurado destacó de su obra la "ambición literaria y bien cumplida y el diálogo entre la literatura con las artes plásticas contemporáneas" que se despliega en esta colección de dieciséis cuentos. Javier Sáez de Ibarra aprovecha estos días de promoción de la obra para recordar que el cuento "es un género casi invisible en los medios de comunicación y en la universidad", y denuncia que "al acabar la infancia, en la escuela el cuento ni se enseña ni se explica", algo que podría justificar el hecho de que mucha gente todavía le pregunte que si escribe para niños cuando se enteran de que publica cuentos.

"Muchos lectores que no suelen leer cuentos puede que se sientan interesados por el género gracias a la cuantía del premio y a la promoción, como si el dinero lo acreditase, al igual que ocurre con algunas novelas; ojalá sea así", explica esperanzado el autor y profesor vasco afincado en Madrid. Para aquellos escépticos del género, el autor defiende que "el cuento es exigente comparado con la mayoría de las novelas porque pide concentración y participación activa en el lector". "Quizá el lector busca en la novela la narración de otras vidas, mientras el cuento le ofrece sólo un momento de un personaje cuya biografía queda sólo apuntada", reflexiona, consciente de que "la sugerencia es difícil".

La literatura, libre creación espiritual

Sáez de Ibarra entiende la literatura "como libre creación espiritual, que nace de una búsqueda propia y que se comparte con los demás", y aunque reconoce que haber ganado este premio puede implicar cierta presión en el sentido de generar expectativas sobre sus próximas obras, admite que esto no va a cambiar su manera de trabajar: "No quiero actuar de otro modo que como lo he venido haciendo; me hace feliz la idea de que otras personas disfruten con lo que escribo, pero no busco el éxito ni el dinero", puntualiza.

Los lectores que se acerquen a su obra se encontrarán con un autor que concibe el cuento como un poema, "fruto de la inspiración de un momento y de un trabajo incesante después". Por inspiración no entiende la ocurrencia sino más bien "la cristalización repentina de un proceso largo de maduración de vivencias, impresiones, ideas, preguntas, y también lecturas y conversaciones", explica el escritor, que con la narración breve puede dar rienda suelta a ese proceso, algo que en una novela "sería imposible porque requiere mucha planificación".

Los relatos que contiene Mirar al agua nacen de su admiración "por la reflexión de los artistas plásticos antes incluso que por sus obras", y así Sáez de Ibarra explica que aprecia de muchos artistas "su libertad creadora, su búsqueda de nuevas formas, su cuestionamiento de las ideas recibidas, su conciencia del lugar que ocupan y que debería ocupar el arte en la sociedad y en la cultura". Esa admiración queda reflejada en las citas que encabezan algunos de los cuentos, que no siempre están inspirados en obras plásticas, sino que a veces llegan "de cualquier parte".

Poner por escrito inquietudes personales

Javier Sáez de Ibarra se considera un escritor que "trata de poner por escrito inquietudes personales de una manera creativa" y desearía que sus textos fueran "intensos, hondos, imprevisibles, conmovedores y bien escritos", cualidades que persigue en este camino que es la escritura y que intenta enfocar hacia la búsqueda de nuevos lectores. Para el autor, Franz Kafka es, "sin duda", uno de los "grandes escritores de la historia", y de él destaca su capacidad para "construir símbolos en los que podemos reconocer aspectos fundamentales de nuestra vida". Además, también le han influido Fernando de Rojas, Quevedo, Poe, Valle-Inclán, Joyce, Lorca, Beckett, Aldecoa, Buero Vallejo o Borges, autores que, con independencia del género que cultivaron, reúnen profundidad e intensidad, dos rasgos que cree que poseen sus cuentos.

Por ahora, la crítica le ha recibido con los brazos abiertos, destacando su "riqueza de registros" y sus historias interesantes narradas con "perspectivas originales", así como su voluntad decidida de modernidad. Los cuentos de Javier Sáez de Ibarra "duelen", según Eloy Tizón, miembro del jurado del premio, mientras que para la narradora argentina Ana María Shua, también miembro del jurado, los relatos de Mirar al agua "sumergen al lector en el placer de la lectura". Y precisamente, por placer este autor entiende la lectura de un buen libro, "leído solo, o compartido con otros, en una clase, un club de tertulia o con un amigo, toda una experiencia incomparable".


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