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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
22-01-10 Nº 4.098 Año XII

Sin rumbo hacia el desastre

Daniel Martín

Caso real. Un alumno de 12 años, en el instituto. Está en clase y percibe un olor a quemado. Se lo comunica al profesor que, al buscar el origen del humo, se encuentra a tres chavales, dentro del aula, fumándose un porro. El maestro se inhibe; sólo pide que se apague el canuto. Para los tres fumetas no hay consecuencias. Pero el chaval que, sin intención de chivarse, había avisado del fuego, se encuentra a la salida del colegio con un grupo de estudiantes que le da una paliza que exige hospitalización. El colegio apenas toma medidas y es la familia de la víctima la que tiene que acudir a la justicia.

Éste es sólo un ejemplo más del mal ambiente que se respira en muchos centros educativos españoles. Los políticos andan peleados sobre ese pacto educativo que nunca ha llegado en la historia española ni nunca llegará en un cercano futuro. Pero, entre la eliminación del mérito y la disciplina en las aulas y el clima de molicie social, muchos jóvenes crecen sin tener una mínima moralidad.

Más allá de los contenidos del plan de estudios, que son mínimos, la gran causa generativa de jóvenes amorales, violentos y abusadores es la atmósfera de nada intelectual y ética que se respira en nuestra sociedad. Vivimos para y por la comodidad. Y el camino de la disciplina es duro. Muchos padres le dan todo a sus hijos para evitar problemas y no perder parte de su tiempo, tan escaso en esta vertiginosa época. Así los niños se acostumbran a conseguirlo todo sin esfuerzo ni méritos, camino que suele conducir hacia la tiranía. De ahí que muchos padres, profesores y escuelas terminen esclavizados por unos chavales que no conocen ningún límite a sus deseos. ¡Si por lo menos supieran quién es Nietzsche!

El caso anterior es uno más de muchos. Hace unos meses un grupo de chavales forzó a unas adolescentes que viajaban en un autobús escolar sin que el conductor hiciera nada. A una profesora de Canarias una alumna la agredió y el colegio aconsejó a aquella que no hiciera nada. Lo lógico sería reaccionar, actuar con rigor y tomar medidas drásticas para frenar este aumento de violencia en el mundo juvenil. O comenzamos a buscar soluciones para evitar que los amorales se aprovechen de los morales -débiles según el autor de Así habló Zaratustra- o pronto esto devendrá en una anarquía ingobernable.

En lugar de este camino, ahora nos enteramos de que en la universidad de Sevilla los profesores no podrán expulsar a un alumno al que pillen copiando sino que deberán dejarle terminar el examen y luego iniciar un proceso que terminará en un tribunal formado por tres profesores y tres alumnos. Y en La Sexta, canal de Zapaterolatría y PPfobia, crean un programa, Generación NiNi, donde las estrellas son unos chavales que roban a sus padres, salen mucho de juerga, cometen todo tipo de excesos, no respetan a nadie pero luego creen que no son malos. Puros hijos de la LOGSE, amorales hasta un nivel insospechado.

Siempre han existido grandes canallas. Desde Alcibíades a 'El Bizco' de La busca, pasando por Yago o Mister Quilp de La pequeña Dorrit, seres inmorales que hacen el mal tan sólo por satisfacer su voluntad. Pero, antiguamente, cuando no existía siquiera el concepto de educación universal, casi todo el mundo dominaba cuando menos un rudimentario código moral de respeto al otro. Sobre todo a los propios padres. Ahora, aún más en España, cuando todos los niños pasan por el sistema educativo, salen numerosos presuntos ciudadanos cuya única regla moral es "el todo vale". Además, por si fuera poco, son incapaces de valerse por sí mismos. ¿Qué demonios estamos haciendo?

Por supuesto, no todos los alumnos de los colegios españoles son así. Hay buenos, muy buenos chicos, sobre todo cuando tratas con chicos cuyos padres tienen un mínimo interés en educar a sus hijos con un mínimo de disciplina. Pero esta sociedad donde impera la corrupción moral se está alimentando cada vez más de individuos humanamente deplorables. Y nadie está haciendo nada para evitar las causas ni depurar las consecuencias. En lugar de actuar con diligencia y rigor, seguimos dejando hacer e incluso convertimos en estrellas a auténticos sociópatas. Por ejemplos, en Madrid tienen más prestigio los 'okupas' de Maravillas que cualquier político, policía o profesor. Las cosas se están haciendo pésimamente y comenzamos a notar los efectos de los errores pasados. Lamentablemente, no se ven signos de reacción por ningún lado. Sólo queda la indefensión y, cuando la orquitis torna en insoportable, la defensa propia. Mal asunto éste.

dmago2003@yahoo.es

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