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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
19-01-10 Nº 4.097 Año XII

'Sherlock Holmes'

Daniel Martín

Algo tendrá Sherlock Holmes para que, una y otra vez, se vuelva a él. El propio Arthur Conan Doyle (1) tuvo que resucitarle por la presión del público británico contemporáneo. Desde su nacimiento, el detective residente en Baker Street ha hecho las delicias de lectores primero y espectadores después. Tanto que, aparte de que en Londres se pueda visitar su casa, forma parte de la peculiar y pagana iconografía del siglo XXI. No saber quién es Sherlock Holmes es más improbable e imperdonable que desconocer qué hizo el humilde Alejandro Magno.

El cine, no podía ser de otra manera, ha hecho innumerables visitas al inmortal personaje y su compañero, el doctor Watson. Desde el cine mudo hasta nuestros días, no pasan muchos años sin que alguna versión de Sherlock Holmes llegue a nuestras pantallas. Al principio las adaptaciones eran bastante cercanas al original. Luego llegó la versión de Billy Wilder y El secreto de la pirámide, donde comenzaron a hacerse cábalas sobre cómo era realmente un personaje de ficción. Quizás este amor desmedido por inventar desde las invenciones de otros sea una de las principales características de nuestra vacua contemporaneidad.

Aquí se encuadra la nueva versión cinematográfica de Sherlock Holmes, dirigida por Guy Ritchie, aquel que nos deslumbró con Snatch o Lock & Stock. En esta nueva versión, aunque Sherlock siga viviendo en la Inglaterra victoriana, el detective se ha hecho contemporáneo nuestro: borrachín, descuidado, sucio, jugador, violento, en definitiva transgresor, no deja sin embargo de ser un águila con increíbles poderes deductivos y una asombrosa capacidad lógica. Sherlock ahora lo encarna Robert Downey Jr., y uno no puede evitar pensar que en esta adaptación se parece más al actor que al personaje que creó Arthur Conan Doyle.

El filme entretiene. Ésa -junto a la recreación virtual del Londres decimonónico- es la principal virtud de una producción grandilocuente, pretenciosa, pero poco más. La trama es bastante previsible, los diálogos flojísimos, los personajes, menos Sherlock, de una intranscendencia inaudita -¿Cómo se puede convertir a un Watson interpretado por Jude Law en algo tan insustancial?-, la banda sonora cacofónica, etc. Salvo un par de escenas de acción donde Guy Ritchie despliega cómodamente su enorme capacidad visual, el resto de la película se olvida casi al instante de salir de la sala.

Eso sí, el cine comercial prueba aquí su fuerza porque gran parte del argumento sencillamente prepara la secuela. Moriarty tiene peso en el guión sólo porque aparecerá en una segunda parte. Bien pensado, gracias al prestigio del original y una poderosa y bien fabricada campaña de marketing conseguirán que Sherlock Holmes sea un éxito de taquilla. Aunque sólo sea por ver al detective en plan macarra del siglo XXI.

A pesar de lo dicho, filmes como éste muestran el declive del cine moderno. Tiene todos los ingredientes necesarios para tener éxito de taquilla, pero el exceso de personalidad del director y la nula del guión consiguen que la película no sea mucho mejor que una de serie B de los años 30. Así se llenarán algunas salas, pero no se fidelizará al público que, a la postre y según el enorme precio de las actuales entradas, seguramente llegará a la conclusión de que más vale esperar a ver la segunda parte en DVD, televisión o, a lo peor, descargándola ilegalmente por internet. Este Sherlock, al contrario del de Basil Rathbone, lo haría, si tuviese los medios, sin dudarlo un solo instante. Así son los nuevos tiempos hasta para el mejor detective de la historia... de la literatura.

(1) Julian Barnes -el más irregular de la magnífica generación de escritores británicos formada por, entre otros, Martín Amis, Ian McEwan o William Boyd-, escribió hace un par de años la espléndida novela Arthur & George, donde recreaba un caso real de la vida de Arthur Conan Doyle, personaje famoso por Sherlock pero con una vida realmente interesante.

dmago2003@yahoo.es

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