El pasado lunes, este cronista, en esta misma sección, anunciaba la grave crisis política e institucional que se venía encima tras conocerse las filtraciones sobre la sentencia del Tribunal Constitucional, en la que una mayoría de magistrados (6-4), o un empate (5-5) si votaba la presidenta del Alto Tribunal, María Emilia Casas, podía mostrarse en contra de una tercera parte del articulado del Estatuto de Cataluña, especialmente todo lo que afecta al concepto de Nación (recogido en el Preámbulo), a los símbolos nacionales e históricos de Cataluña, a sus principales signos identitarios, a la lengua y a la bilateralidad, como relación directa de Cataluña con el Estado, al margen de las otras Autonomías.
El tema, según fuentes del Constitucional, ha quedado de nuevo aplazado, hasta la semana que viene, después del Pleno de este jueves, lo que indica que sigue sin haber acuerdo sobre el cuarto borrador elaborado por la ponente Elisa Pérez Varela (perteneciente al sector conservador) y que, según algunas fuentes, aspira a la Presidencia del Tribunal.
Es decir, que estamos donde estábamos, a pesar del enorme escándalo mediático que durante toda la semana ha surgido en torno a la tardanza en dictar sentencia por parte del Tribunal, en la situación anómala en la que se encuentran algunos magistrados que ya han cumplido su mandato, en la presión que están recibiendo por parte de gran parte de los partidos políticos catalanes y del propio Gobierno y, sobre todo, de la rebelión pacífica que se está manifestando en Cataluña y que puede terminar en un auténtico conflicto institucional de difícil solución.
El editorial conjunto de todos periódicos catalanes, al que durante el día se han ido sumando la televisión autonómica y numerosas emisoras de radio de Cataluña, en defensa de lo que los medios interpretan que es la "dignidad de Cataluña" lo que realmente está en juego" con una sentencia restrictiva del Constitucional a un Estatuto que ha pasado por el Parlamento catalán, por la Comisión Constitucional del Congreso, por el Parlamento español y por un referéndum, no deja de ser una presión más sobre un Tribunal que, cada día que pasa, sigue perdiendo credibilidad y falta de autoridad institucional.
Ese editorial conjunto de los medios, impulsado, por lo visto, por los directores de
El Periódico de Cataluña
y
La Vanguardia
y al que se han sumado el resto de los medios catalanes, es el reflejo de lo que piensa un importante sector de la sociedad catalana (especialmente la totalidad de los partidos políticos) y ha sido interpretado, sobre todo por las asociaciones judiciales, como una presión sobre un Tribunal que, después de tres años de debate, se ve incapacitado para emitir una sentencia que responda al espíritu de la Constitución.
El propio Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional, que pretendió dejar el Estatuto "limpio como una patena", ha censurado las presiones que está recibiendo el Constitucional en las últimas semanas a cuenta de la esperada sentencia sobre el Estatuto, y recordó que este órgano decide sobre la constitucionalidad de las leyes, pero no hace política ni debe "medir" las "consecuencias" que en ese ámbito puedan tener sus decisiones.
Guerra interpreta como una "presión más" a los magistrados del Constitucional el citado editorial, recibido sin embargo por Zapatero con "respeto e interés", al igual que por la mayoría de sus ministros", y apoyado por la totalidad de los partidos políticos catalanes.
Que este cronista recuerde, sólo se publicaron editoriales conjuntos en la prensa nacional en momentos claves y graves de la Transición: durante la ofensiva terrorista que terminó con la matanza de los abogados laboralistas de Atocha, y con el reconocimiento del Partido Comunista que provocó la indignación de los militares.
Lo de ahora es un síntoma más de la crisis institucional provocada por la puesta en marcha de un nuevo concepto de Autonomía que no contaba con el consenso de la oposición y que entraba exclusivamente en el campo del tactismo político coyuntural cuyos efectos devastadores ya están aquí.