Marcello está haciendo las maletas para un largo viaje, probablemente por los Estados Unidos tras el rastro de doña Aurora Pavón, aquella inolvidable periodista que iluminó con sus crónicas satíricas y políticas las páginas de los diarios
El Independiente,
ABC
y
El Mundo,
y que podría reaparecer en fechas no muy lejanas en el escenario español.
Todo en esta vida tiene un límite y ese límite está en el marco indeleble de la decencia y la coherencia en un tiempo difícil como el que vivimos, en el que todo vale, nadie responde de sus atropellos y errores, y donde los que son los pilares esenciales de la convivencia ciudadana como la democracia (usurpada por la partitocracia), el Estado de Derecho y las todas libertades públicas -y aquí incluida, especialmente, la libertad de expresión- están en almoneda y al albur de un catastrófico e incompetente gobierno nacional y de una lánguida oposición que espera sentada el advenimiento del poder.
Este país está mal malherido -a la espera estamos, desde hace mas de tres años y a estas alturas de agotada transición, de una sentencia del Tribunal Constitucional sobre ¡la identidad de España como nación!-, con ausencia de clarividentes liderazgos y de proyectos de refundación democrática que superen el falso discurso de la regeneración democrática (una broma de mal gusto que ya escuchamos en boca de Aznar y de Zapatero), y que encaucen con arrojo y credibilidad los graves déficits democráticos que nos invaden así como los problemas y consecuencias de la crisis económica y social que se extiende por todo el territorio nacional.
Marcello está haciendo las maletas para un largo viaje del que regresará en la compañía de Aurora Pavón, y no solo porque este país está hecho unos zorros y dan ganas de emigrar, sino porque a este jack rusell de fino olfato no le gusta el olor del azufre que invade su entorno habitual, y quedará a la espera de una clarificación del aire que respira mientras disfruta de un más que merecido descanso para preparar el regreso, en compañía de su amiga, a los primeros planos de la actualidad cuando se reúnan las condiciones y los astros hoy desencajados hayan recompuesto en el firmamento su natural ubicación.
En realidad el equipaje que hace Marcello es bien liviano, apenas sus pocos y modestos arreos franciscanos y, eso sí, su inagotable ilusión y capacidad para rehacer los largos caminos recorridos estos años en cuanto se presente una buena oportunidad.