Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
18/11/2009
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Intolerancia

Patxi Andión

La sociedad civil se pregunta por los defectos que derivan de las virtudes y la forma de solucionar el dilema. Le preocupa porque asiste cada vez más a episodios de violencia social en los que el color de la intolerancia es cada vez más general, nítido y agresivo.

La sociedad civil sabe que estos males vienen desde el planteamiento de las primeras normas sociales que imponen las cuestiones generales por delante de las personales, los individuos dejan en manos de la colectividad parte de sus criterios, los ponen al servicio del hipotético bien común y depositan en la dinámica social buena parte de las iniciativas privadas con las que han pensado desarrollarse. Pero la sociedad civil también sabe que el hombre es celoso de sí mismo y detesta poner en ella otros aspectos de su psique que probablemente no tenía pensado exponer en público. Sabe que el hombre guarda siempre un poco de infundio preparado para abrir la caja de sus frustraciones y límites impuestos por la sociedad y aceptados por él, pero tan sólo a medias. Nunca del todo. Guarda detrás del manifiesto firmado la mejor excusa para desdecir su rúbrica y echarse al monte.

En las actitudes sociales anómicas, las que están fuera de la norma y la ley, anida junto a los afanes por enriquecerse, quitar de en medio a un competidor, demostrar la superioridad o simplemente vengarse, esquirlas de odio vario. Dice la psiquiatría que directamente vinculadas al miedo a lo desconocido y puede que tengan razón, pero la realidad es que el odio aparece desde mucho antes que se ponga en evidencia la oportunidad del conocimiento, viene de atrás, de lo más profundo del bípedo que busca y se aprovecha de las ventajas del grupo pero en el fondo detesta a los demás y suele creerse mejor que cualquiera.

Se anuncia una fiscalía específica para delitos de odio, ya que en tantos y tantos delitos la fobia es un catalizador de la violencia que el artículo 22.4 del código penal tipifica en la consideración de agravante ideológico en los casos de asesinato. Bienvenida sea, aunque el problema se manifiesta mucho antes de la comisión delictiva. Se expone en las pequeñas acciones cotidianas de los ciudadanos. La demostración de intolerancia está a la vista a poco que se suba uno al vagón de metro o al autobús. Las fobias acechan desde todas partes y se entrecruzan impregnando el tejido social de inquina social latente.

La islamofobia, la homofobia, la xenofobia, el antisemitismo, la catalanofobia, etc., nos rodean y acosan, prácticamente en cada desgracia de que somos testigos. Los crímenes de género, los robos, asaltos, atracos y palizas aportan a la criminalidad su ración de odio.

Se podría decir que el Estado está cruzado de brazos ante estas cosas y puede que lleven razón quienes lo argumentan, pero qué se va a esperar del poder que se ha pasado siglos despachando cadáveres con el argumento de la diferencia beligerante. Poco hay que hacer porque el apostolado civil anda en horas bajas. Al menos que se penalice. Leña al mono.

Todos los gritos se mecen en la ignorancia del hombre. Noviembre


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