El
New York Times
señala que, poco antes de que el presidente afgano Karzai compareciera con el senador americano Kerry para anunciar que acepta que haya nuevas elecciones el día 7, se había oído el crujido de cómo le retorcían el brazo para que accediera. Los apretones han venido no sólo de Kerry, sino de la señora Clinton, del francés Koutchner y del primer ministro británico Brown.
El mensaje persuasorio puede haber sido que la presencia de la OTAN y el aumento de las tropas americanas para impedir que lo derroquen los talibanes no resultaban viables con un Gobierno a todas luces salido de un pucherazo. Se imponía ante la población afgana y la opinión pública de los países que envían las tropas un mínimo de credibilidad democrática.
El trago a regañadientes de Karzai -al que Sarkozy ha calificado pronto de estadista- es un mal menor pero los problemas siguen. Aparecer con Kerry anunciando las nuevas elecciones será utilizado por los talibanes pera presentarle como un monigote de Estados Unidos. Preparar la votación en menos de tres semanas en un país azotado por los atentados talibanes, que se acrecentarán en los próximos días, y en donde los fanáticos seguirán amenazando con cortar las orejas y las manos de quien quiera votar no será fácil. Hay, además, que rezar por que los responsables afganos de uno y otro bando no repitan sus fechorías electorales en las zonas que controlan hinchando los votos propios y destruyendo los rivales. Los observadores internacionales tendrán serios peligros para su integridad en circunscripciones cercanas a las provincias de operaciones talibanas: saben que son un blanco apetecible de los extremistas.
Cualquier sospecha de chapuza profundizará la polarización entre los pashtunes y los tajiks del norte, a los que pertenece el principal candidato rival Abdula. Hay quien aventura que una solución que minimizaría los peligros de la explosiva situación actual sería un Gobierno de coalición presidido por el pashtun Karzai con diversas carteras concedidas a los tajiks. En número no excesivo porque la convicción de que Karzai, aparte de corrupto, ha venido siendo manipulado por los tajiks ha sido fuente de resentimiento en la etnia pashtun de la que se nutren los talibanes.
Obama podrá, por fin, manifestar si envía o no más tropas. Tardanza en hacerlo que inquieta ya diariamente a los mandos del Ejército estadounidense que las han reclamado.