Hace justamente 60 años que se implantó la República China y las autoridades de aquel país lo celebran con solemnidad. La nación más poblada de la Tierra ocupa un lugar en la arena internacional inimaginable cuando se fundó o incluso hace sólo diez años. China se ha industrializado, es la mayor contaminadora del mundo ya, la segunda exportadora y la que tiene mayores reservas. Políticamente ha crecido también espectacularmente. Tiene un asiento en el Consejo de Seguridad y se ha convertido en un locutor indispensable para abordar buen número de los problemas internacionales, Corea, Irán, etc. El régimen de Pekín parece estar más mentalizado sobre la necesidad de no inhibirse cuando hay una situación comprometida en el mundo. Es un actor más comprometido. La Administración de Obama es consciente de ello, el presidente encuentra tiempo para entrevistarse con los chinos cuando a veces no lo tiene para ver a los europeos. Brown intentó y no pudo entrevistarse con Obama en la reciente Asamblea de la ONU.
En el día de su fiesta, China ha querido también exhibir su poderío militar. Tiene el ejército con más efectivos del mundo, 2.300.000 soldados, pero siempre se ha considerado que su equipamiento era anticuado. En el desfile de este año, para cuya preparación se ha cerrado durante días el centro de Pekín, se ha prohibido hacer fotos de los ensayos, etc., el material que se exhibe es más sofisticado. El presupuesto militar de este año es de 70.000 millones de dólares, un aumento importante desde el año 2000 en el que se dedicaron 14.000 millones a estos fines. El material exhibido será todo nacional, otra diferencia de la época en que la dependencia del suministro soviético era prácticamente total. Ahora, los misiles chinos pueden alcanzar los buques americanos, incluso llegar a Taiwán, y tal vez el Dong Feng 31 sea capaz de alcanzar Washington con una cabeza nuclear.
El avance militar de China será visto con aprensión no sólo en Estados Unidos sino en otros poderes regionales como India y Japón.