El presidente de la Reserva Federal, que es la voz económica más importante del mundo, informó a la comisión correspondiente del Capitolio sobre cómo ve las cosas. Dijo que puede que mejor, pero que va despacio; que el paro seguirá creciendo hasta avanzado el año que viene y que la recuperación va a ser lenta y larga, es decir, mensaje cauteloso como corresponde a una persona prudente y bien informada.
De sus comentarios y con la perspectiva de este lado del océano, lo más interesante de las declaraciones del banquero central es la insinuación o comentario acerca de los tipos de interés: serán bajos, acomodaticios durante largo tiempo.
Ese comentario tiene una parte positiva y otra no tanto. Positiva desde el punto de vista que tipos bajos significa inflación baja y más carbón a la caldera para alentar el crecimiento. Crecer es ahora una necesidad, sin crecimiento los riesgos de depresión y deflación son altos. Por los comentarios del pasado fin de semana, hechos de forma coordinada por los primeros asesores económicos de Obama, incluido el secretario del Tesoro, a principios de año esos riesgos fueron reales, y las políticas aplicadas por el anterior equipo a última hora y por la nueva Administración luego han evitado lo peor sin que por ello hayan solventado los problemas.
Pero de parar la crisis a resolverla hay un trecho. Ni los bancos están normalizados, ni la confianza de los mercados ha vuelto, ni los agentes económicos invierten con la perspectiva de que llegan tiempos mejores.
La perspectiva de tipos de interés bajos apuntada por Bernanke es un dato relevante, puede aliviar la incertidumbre de los endeudados con tipos variables referidos a corto plazo, al euribor a un año en el caso español, y puede animar iniciativas de inversión.
Bernanke, que es un experto sobre la Gran Depresión, quiere evitar que la máquina se pare, pero hace falta que ese mensaje cale en la gente y se instale en la conciencia de quienes toman decisiones.