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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
22-07-09 Nº 3.939 Año XI
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Una visita inexplicable e inoportuna

José Oneto

Con protestas de la oposición popular, desconcierto de los "llanitos" y reivindicación del grupo Autodeterminación para Gibraltar, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha realizado una polémica visita de horas al Peñón, un montículo de piedra caliza de poco más de cuatrocientos metros de altura habitado por monos de Berbería, que corona un territorio de seis kilómetros y medio con 28.000 habitantes y que fue usurpado a España por Inglaterra, por el Traslado de Utrecht en 1713, que ponía fin a la Guerra de Sucesión española (1712-1714).

Es la primera vez que una autoridad española, en más de trescientos años, entra en Gibraltar, y se desconoce qué efecto puede tener la polémica visita con la histórica reivindicación española, ya que tanto españoles, británicos como gibraltareños aseguran que en ningún momento se hablara de la soberanía sino de determinadas mejoras administrativas (visados, normas financieras, educación y protección medioambiental) que faciliten la vida de españoles y gibraltareños.

Hace tres años, gracias a un acuerdo entre Gran Bretaña, España y Gibraltar, se iniciaron unas negociaciones trilaterales para resolver determinados problemas, entre ellos el pago de pensiones a los españoles que perdieron su empleo cuando la frontera fue cerrada por el régimen de Franco en 1969 y se cortaron todas las vías de comunicaciones, incluido el suministro de agua, el reconocimiento de los prefijos telefónicos de la Colonia por parte de España, la aceleración del tráfico en la frontera y la cooperación aeroportuaria.

Después de un primer encuentro en Córdoba y un segundo en Londres, este tercero en Gibraltar se produce, además, dentro de una gran tensión por el tema de las aguas jurisdiccionales que ha estado a punto de impedir una visita difícilmente explicable para la opinión pública, porque ese tercer encuentro se podría haber celebrado en Madrid sin romper ese principio de reconocimiento de facto que acaba de hacer Moratinos con su visita.

Igual que China jamás permitió que ninguna de sus autoridades pusiese el pie en la colonia de Hong Kong hasta que se arrió la bandera británica y el territorio volvió a Pekín, el ministro español de Asuntos Exteriores se podía haber ahorrado este sorprendente viaje, sobre todo después de que Gibraltar anunciase su decisión de recurrir un dictamen de la Unión Europea sobre la soberanía de las aguas jurisdiccionales favorable a España.

La disputa y la tensión que se ha creado sobre las aguas territoriales es un tema clave y se desconoce si Moratinos lo tratara tanto con su colega de Asuntos Exteriores británico, David Miliband, como con el primer ministro de Gibraltar, Peter Caruana...

Inglaterra mantiene que tiene derecho de soberanía sobre los islotes a tres millas marítimas, pero España cree que eso forma parte de su soberanía, una disputa que ha durado años.

Sin embargo, el pasado mes de mayo el Gobierno español obtuvo una importante victoria diplomática, cuando la Comisión Europea aceptó la posición de Madrid en el sentido de que el derecho sobre las aguas volviera a España en parte de los territorios en disputa como "zonas de protección medioambiental". Una decisión que fue interpretada por el Gobierno como una victoria inesperada que venía a apoyar una reivindicación histórica, y que ha provocado una auténtica guerra con las autoridades gibraltareñas...

En resumen: una visita inexplicable, en un momento inoportuno, para hablar de temas administrativos y que ponen de manifiesto la debilidad negociadora del Gobierno.

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