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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
18-07-09 Nº 3.934 Año XI
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Jesús Hermida, el "astronauta" del periodismo

Jaime Peñafiel

El próximo lunes, día 20, se cumplen cuatro décadas, cuarenta años, desde que el hombre puso, por vez primera, los pies en la luna. El español que con voz emocionada retransmitió, durante dos horas y cuarenta y cinco minutos, "aquel gran salto para la humanidad" se llamaba, y se sigue llamando, felizmente, Jesús Hermida.

Siendo, como es, todavía un hombre joven hoy vive, al igual que Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, alejado de la actividad profesional en la que, como los tres astronautas, fue una estrella.

A pesar de no querer saber nada de aquel día, que le marcó para siempre, la presión mediática no sólo le ha recordado sino que le ha sacado de su retiro en un pueblecito de la sierra madrileña.

¿Sabrán los lugareños quién es ese hombre que todos los días acude al bar del pueblo a desayunar y a leer la prensa? A lo peor no.

De lo que estoy seguro es que ignoran que Jesús Hermida fue uno de los grandes del periodismo. No sólo como corresponsal de la televisión pública, en los Estados Unidos de América, sino como reportero, un magnífico reportero que tuvo la valentía y la honestidad de saber dejar a tiempo una profesión tan competitiva y tan cainita como es el periodismo.

De Jesús Hermida guardo el recuerdo de su amistad y de tantos y tantos momentos en los que no sólo fuimos compañeros sino competidores. Él, desde las páginas de La actualidad española, uno de los grandes magazines de la prensa de entonces. Este columnista desde la agencia Europa Press, la primera en competir con Efe, la oficial del Estado, cuyo monopolio logró romper ante la ira del entonces superpoderosísimo ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne.

En mi memoria conservo el recuerdo de dos acontecimientos con los que nos medimos como reporteros que éramos.

El primero de ellos fue en 1960, con motivo de la boda de Fabiola con el Rey Balduino de los belgas. Mientras ésta se encontraba en Bruselas, para el anuncio oficial de su compromiso matrimonial, su hermano, el inefable don Jaime de Mora y Aragón, abrió a Jesús Hermida y a quien esto escribe, previo pago de una modesta cantidad, el palacio de la madrileña calle de Zurbano, su residencia.

Los dos reporteros invadimos la casa curioseando y fotografiando todas las habitaciones, incluido... el dormitorio de Fabiola, quien, al regreso, se encontró con la doble desagradable sorpresa: la violación periodística de la intimidad de su hogar y, lo que era peor, la desaparición de su... diario.

Confieso que no me lo llevé. Podía haberlo hecho de haber entrado antes que Jesús en el dormitorio de la futura reina.

Fabiola pidió auxilio al ministro de la Gobernación, don Camilo Alonso Vega, más conocido por "Don Camulo" (por algo sería).

Como eran otros tiempos, el diario apareció. ¡Claro que apareció! Se lo había llevado el gran Jesús Hermida. Uno a cero a su favor.

La segunda vez que competimos tuvo como escenario la pequeña isla de San Salvador, allá en el lejano Caribe, donde fuimos testigos después de varias semanas de paciente espera de la llegada, un 24 de diciembre de 1962, del marino navarro Carlos Etayo, capitán de la carabela La Niña que, en compañía de una tripulación de ocho heroicos marineros, intentó emular, consiguiéndolo, después de varias semanas de dramática travesía, aquella otra gesta de Cristóbal Colón.

El mayor problema, una vez cubierta la información, era no sólo lograr salir del islote, lo que era muy difícil, sino llegar a Madrid con el material, más difícil todavía. Yo logré salir. Jesús se quedó. Ya se sabe esa cruel norma periodística de el pan como hermanos, las noticias como gitanos. Uno a cero a mi favor.

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