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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
18-07-09 Nº 3.934 Año XI
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Cuidado con el PNV y con CiU

Lorenzo Contreras

En plena crisis de todo tipo, la financiera y económica además de la política-judicial, todo se aclara en algún sentido, aunque se trata de un sentido tenebroso. Se aclara, por ejemplo, la cuestión del Estatuto de Cataluña, sobre cuya sentencia por el recurso que en su día interpusieron los populares, el propio Tribunal Constitucional, llamado a decidir, se atasca "sine die"; paradójicamente, o sin tanta paradoja, con alivio en la Moncloa-Ferraz y en Génova, 13.

Los dos grandes poderes nacionalistas, PNV y CiU, ambos desplazados provisionalmente del poder, siguen condicionando la marcha de la alta política: alta porque se ventila en las alturas no porque merezca adjetivos ennoblecedores, que bien miserable es en su conjunto. El Gobierno de Zapatero y la Oposición de Rajoy hacen números de todo tipo, incluidos naturalmente los que se refieren a los votos parlamentarios, en el Congreso y en la periferia nacionalista, donde cada papeleta vale una fortuna. Ni al Gobierno ni al PP nacional les interesa enfrentarse con los poderes reales de la periferia. Por eso no se plantea moción de censura para desplazar al PNV de la Diputación de Álava ni tampoco para "desnaturalizar" en sentido español el "Estatut", que es más patrimonio de CiU y sus parientes ideológicos que del cautivo y depauperado Montilla, ese aprendiz de Pujol.

Nos quieren hacer creer que el forcejeo por la reconquista de la Diputación de Álava se libra fundamentalmente entre los eventuales socios de investidura en Euskadi, llamados Patxi López y Antonio Basagoiti. Cierto que algún rifirrafe se entabla entre ellos, pero el trato con el PNV, que ya ha ofrecido un gesto de amistad, o de armisticio, no está en manos de PSE y PPE, sino, desde la estudiada distancia, al alcance de la Moncloa y Génova, 13. Y a ninguno de estos les interesa en el fondo enfrentarse a un PNV al acecho; tarde o temprano, o más temprano que tarde, en disposición de retornar al Gobierno de Lakua.

Así pues, las relaciones del PSE de Patxi López con el PNV están condenadas a ser de guante blanco. La moción de censura para desalojar a los nacionalistas de la Diputación de Álava, perfectamente ganadora de antemano, habría equivalido a una agresión política al partido de Urkullu, que por cierto ha decidido retirarle a Xavier Arzalluz el despacho que disfrutaba desde los tiempos en que dejó de presidir el Euskadi Buru Batzar. Valga la anotación como muestra de lo que cambian las circunstancias y los destinos personales. El que fue competente líder peneuvista es hoy, aparte de veteranísimo, lo cual puede ser un baldón para algunos, un peligro para la nueva casta conservadora que ha ido instalándose en Sabin Etxea.

El PP de Rajoy, y también el que "sucursaliza" Patxi López, no quieren mediante una lucha abierta contra el PNV que sus acciones en tal sentido le puedan provocar un efecto búmeran. Sabe el PSOE que por ahora con CiU no puede contar, y no le tranquilizan en el Congreso de los Diputados los exclusivos votos que hoy por hoy le proporcionan el BNG, IU-V, ERC y CC (Coalición Canaria). En total, siete votos de otros tantos escaños. Los que ocupa por su parte el PSOE significan 169 votos que sumados a los 7 adquiridos por el Gobierno del señor Zapatero con sus artes financieras y otras dádivas, alcanzan la cifra de 176, suficientes para aprobar, por ejemplo, los presupuestos generales del Estado. Pero los votos del PNV, mediante el procedimiento de lograrse una "buena relacion" con Madrid le hacen falta al Gobierno para evitar dependencias de los otros grupos. Y quien dice presupuestos dice otras leyes y compromisos. Tendrá que resignarse a estas combinaciones de aritmética parlamentaria y buena vecindad política el propio PP, que habría sido el llamado a ocupar, y de ahí su interés en la ya fallida moción de censura, la Diputación de Álava. Una "plaza" que, por otra parte, no haría tal vez dichoso al PSE de López si la ocupase su actual y forzado socio popular.

Habrá que reconocer que en este juego de fuerzas políticas el PNV se reserva el papel de árbitro y parte. Algo que también intentaría garantizarse si crecieran las posibilidades del PP en su empresa de desbancar a ZP de su sillón monclovita. En tal caso, las relaciones PP-PNV irían mejorando pese a todas las distancias aparentes. Del mismo modo que resultarían más fáciles las relaciones populares con CiU si se dan las circunstancias idóneas después de las elecciones catalanas de 2010. Es razonable pensar que, observando el horizonte posible, Rajoy le haya transmitido a Basagoiti la consigna de "¡cuidado!".

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