"La autoridad y el orden aseguran el bienestar
temporal del hombre;
la libertad, su bienestar espiritual"
(Lord Acton)
Mariano Rajoy, por una vez y sin que sirva de precedente, ha sido rotundo y concreto a la hora de valorar el plan de financiación autonómica con el que José Luis Rodríguez Zapatero trata de salir del atolladero al que le ha conducido su ridículo afán de resultar simpático y compensar la debilidad parlamentaria en la que está instalado. Es "una chapuza", ha dicho el líder del PP, y se ha quedado corto. El presidente del Gobierno trata, desde su ya acreditada irresponsabilidad, de efectuar una suma imposible y ello, además de atentar contra la aritmética, es algo parecido a prender la mecha que hará explosionar cualquier hipótesis de equilibrio y futuro en la política económica nacional.
Como de lo que se tata es de vestir el santo y disimular la ausencia de rigor presupuestario y seriedad política, la vicepresidenta tercera, tan peripuesta como de costumbre, desafió los rigores de la calorina dominical y, en la sede del Ministerio de Economía y Hacienda, anunció que el Gobierno ya ha remitido a todas las Autonomías del Estado las propuestas de financiación. Salvó las apariencias.
Se evidencia, una vez más, que Elena Salgado no es Arnold Schwarzenegger. Además de las diferencias de aspecto y volumen que muestran los dos personajes, están las de peso específico, las que marcan la distancia entre la calidad democrática de los Estados Unidos del Norte de América y la española. Aquí, y para nuestra desgracia, el Presupuesto es una cifra aproximada en la que, más o menos, se hace previsión de los ingresos y se estiman los gastos. No es necesario, y mucho menos delictivo, que el balance final no sea negativo. Allí, el gobernador de un Estado como California -considerado al margen de EEUU, la séptima potencia económica del mundo- puede llegar a ingresar en prisión si no cumple con precisión, con decimales, el mandato presupuestario: una ley que obliga a su exacto cumplimiento.
Para centrarnos en valores relativos, digamos que la deuda acumulada por California no llega a los 20.000 millones de euros: ¡una tercera parte de la que acumula, por sí solo, el Ayuntamiento de Madrid! Esa situación, según el gobernador Schwarzenegger, es "dramática". En razón de la crisis, lo ingresos fiscales han disminuido notoriamente y se han visto obligados a emitir pagarés, recortar sueldos a los empleados públicos, suspender contratos, retrasar devoluciones de impuestos, elevar el precio de algunos servicios y todo cuanto está en la mano de quien gobierna para enfrentarse, aun pagando el precio de la impopularidad, a los problemas reales.
Los ejercicios de política comparada, especialmente en sus aspectos económicos, siempre son viciosos; pero no está de más fijarse en los diferentes modos con los que el presidente del Gobierno español y el gobernador de California se enfrentan a una tesitura muy parecida. Schwarzenegger tiene plena conciencia de que cada dólar que gasta, aunque sea al servicio del bien común, no es suyo. No me atrevería a decir lo mismo de Zapatero o de su vicepresidenta especializada.
Aquí y ahora el Gobierno ha elaborado un papelito "orientativo" sobre el modelo, o la falta de modelo, que regirá la financiación autonómica en los próximos Presupuestos Generales del Estado. Ya está en manos de los responsables autonómicos y se ha convocado la próxima reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera en el que, peor que mejor, se aprobará una suma que no coincide con sus sumandos. A nadie parece importarle demasiado ese insensato modo de proceder, y en ello reside uno de los puntos de nuestra debilidad democrática.
Decía Baura hace muchos años, cuando eran otros los sistemas de pago, que EEUU es el país más grande, rico y poderoso de la tierra porque no tienen ni letra de cambio ni cuerpo diplomático. Lo del cuerpo diplomático, véase a Moratinos, sigue siendo cierto. Y Norteamérica sigue siendo grande porque todos los elegidos por el pueblo tienen plena conciencia de que dependen de él y no deben gastar un solo dólar del común si no está previamente autorizada su disposición. A Elena Salgado, pobrecita, le falta mucho para ser Schwarzenegger.