Fue el rumor del día de ayer: el trueque 'escandalosamente escandaloso' de Samuel Eto'o, más 45 millones y la cesión de Hleb por Zlatan Ibrahimovic. En Barcelona unos ya lo dan por hecho y otros, casi. Y para el que esto escribe, así como me imagino que para otros muchos aficionados, quizá sea una cortina de humo azulgrana con la que intentar ablandar el corazón del Valencia para que deje salir a David Villa.
De culminar con éxito el increíble trueque Eto'o por Ibrahimovic sería una operación muy buena para el delantero camerunés y para el sueco, pero no tanto para el Barcelona y el Inter de Milán.
A Eto'o no lo quiere ni ver Pep Guardiola otra temporada más en la plantilla azulgrana. Y José Mourinho está deseando que le traspasen lo antes posible a Ibrahimovic. Son dos jugadores 'non gratos' en sus respectivos equipos a pesar de ser dos de los mejores '9' del fútbol mundial.
Por eso para ambos futbolistas sería una medida buena porque con esta maquiavélica maniobra entre sus respectivos clubes. Se libarían de pertenecer a dos entidades donde saben que no los quieren para pasar a jugar -lo de cobrar igual o más que hasta ahora es otro tema- en dos equipos de primer orden donde pueden emprender una nueva vida profesional como futbolistas de primera fila en el panorama mundial.
Pero para el Barça y el Inter el traspaso de Eto'o e Ibrahimovic no sería más que una absurda e incomprensible maniobra de cambiar problema por problema de un vestuario a otro vestuario. Del Camp Nou al Giuseppe Meazza. No sería más que un intercambio de cromos de dos jugadores con ganada fama de conflictivos a cuestas. Es decir, cambiar problema por problema.