Raúl González, el 7 del Real Madrid -el número de la selección nacional lo perdió en beneficio de David Villa-, ha vuelto a aparecer en escena. En medio de los movimientos sísmicos del club había permanecido en silencio a pesar de que, directa o indirectamente, se le mencionaba y no siempre para bien.
Con la llegada de la nueva galaxia se ha especulado con la posibilidad de que pase a la reserva activa. El capitán, según todos los síntomas, está llamado a lo que en términos futbolísticos se llama chupar banquillo.
Ha ocurrido varias veces y el resultado siempre ha sido el mismo: han llegado figuras y él ha seguido siendo del once. Ahora puede que hayan cambiado las circunstancias. Tiene 31 años y al equipo ha arribado Benzema para ser titular indiscutible, que para ello lo han contratado.
La otra plaza de la delantera se la está ganando a pulso Higuaín, jugador a quien han recurrido los entrenadores para solventar las papeletas más complicadas y siempre con resultado satisfactorio. Y, además, es mucho más joven. Lo complicaría más aún que siguiera Van Nistelrooy.
Higuaín ha adquirido suficiente experiencia para que el entrenador cuente con él. Y para las plazas de ataque habrá que tener en cuenta que Cristiano Ronaldo juega en posiciones en las que su labor no es de pura creación y mucho menos de contención.
Raúl lo tiene complicado, pero ya ha salido a la palestra. Ha sido su aviso para barcos pesqueros y navegación de cabotaje. Ha asomado la cabeza para dejar constancia de que está vivo, que no hay razones suficientes para cantarle el gori-gori balompédico.
Hay conspicuos madridistas que desean verle descansando. Florentino Pérez opina que en otras ocasiones también ha sabido acomodarse. Habrá que esperar.