El presidente del PP, Mariano Rajoy, está enfadado por lo que está pasando en su partido y en el entorno mediático conservador a propósito de la 'trama Gürtel' de corrupción, y ayer declaró que él "no acepta presiones de nadie", algo que ya ha demostrado en anteriores ocasiones y que revela su carácter, del que ha hecho un preciso y velazqueño retrato en estas mismas páginas José Antonio Zarzalejos, subrayando su posición "implacable" ante propios y extraños.
Al margen de lo que está bien y de lo que sería razonable que hicieran los dirigentes del PP presuntamente encartados en la trama de Correa, existen otras cuestiones de índole político y mediático que tienen su importancia y que merecen ser subrayadas porque ambas concluyen en una operación de corte político y conspiratorio encaminadas a utilizar el 'caso Gürtel' para ver si consiguen debilitar o derribar a Rajoy. Una operación en la que varios de los dirigentes del PP llevan años empeñados, y de manera especial el diario
El Mundo
y su altavoz radiofónico de la COPE, los mismos que insultaron y pidieron la dimisión de Rajoy hasta la saciedad.
Ahora estos medios le piden a Rajoy el cese de Bárcenas y al Tribunal de Valencia el "indulto" de Camps, pero con un matiz: porque parecen haber pactado con el presidente valenciano su dimisión irrevocable, en caso de que Camps deba sentarse en el banquillo del juicio con jurado como se lo pide el juez instructor de su presunto cohecho por el regalo de unos trajes. Un extraño pacto al que parece haberse prestado Camps -concretamente con el director del diario
El Mundo-
un tanto a la ligera, y que no gusta en la dirección nacional del PP.
Entre otras cosas porque, al margen del recurso que el valenciano acaba de presentar ante la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior valenciano, Camps y los demás imputados tendrían derecho a un recurso de casación ante el Tribunal Supremo si se inicia el juicio oral en su contra, con lo que tendrían otra oportunidad y no habrían agotado en dicho juicio su recorrido judicial.
De manera que, por enésima vez, Rajoy ha dicho que no a sus adversarios mediáticos y de paso ha transmitido un claro mensaje al resto de dirigentes del partido para que dejen de opinar sobre el caso. Y mucho menos contra la posición oficial del líder y de su equipo directivo, que, básicamente, se resume en agotar todos los trámites legales en favor de la presunción de la inocencia de los afectados, y también en la defensa de los intereses del PP.
La presunta intervención de Álvarez-Cascos en favor del cierre de filas en torno a Bárcenas -a Camps ya lo apoyan todos, empezando por Rajoy- y el anuncio de que el PP presentará, en las próximas horas o días, una querella contra el vicepresidente Chaves, por favores económicos a la empresa en la que trabaja su hija en Andalucía, son otros nuevos síntomas sobre el cierre de filas. Aunque no sabemos si ya es demasiado tarde para frenar el río de las intrigas internas y mediáticas del PP, o incluso las noticias que emanan del procedimiento judicial y del enorme saco del 'caso Gürtel' de donde aún pueden salir nuevas noticias, porque ese pozo sin fondo nadie al día de hoy lo puede controlar (¿se imagina alguien que Correa se ponga a cantar?).
Sin embargo, los conspiradores anti-Rajoy -que no habitan en los lejanos desiertos ni en remotas montañas, como diría Aznar-, convencidos de que Gallardón vive en el limbo del monte Olimpo, y de que Aguirre se bate en retirada -ayer Rajoy la obligó a abstenerse en el Consejo Fiscal, después de que ella dijera que votaría en contra del nuevo sistema de financiación de las Autonomías-, ya están urdiendo su enésimo plan por si las llamas de este 'caso Gürtel' alcanzaran la sexta planta de la sede "genovesa" del PP. Así y como si de un regreso al pasado se tratara, los conspiradores suspiran por la foto del balcón de Carabaña para recuperar en ella a Aznar y Rato, como un posible tándem en el partido y en el cartel electoral. Pero Mariano es mucho Mariano, es implacable, como dice Zarzalejos, y no da un solo paso hacia atrás.