Una de las noticias que ha conmovido al mundo en la última semana -aunque no tanto como la muerte de Michael Jackson o la presentación de Cristiano Ronaldo-, ha sido la fuerte represión de las policía china en la región de Xinxiang (más conocido en España como
Turkestán chino),
de varias manifestaciones de uigures, en razón al trato que se les da en sus propios pagos natales, así como en el resto de China, donde frecuentemente emigran con propósitos laborales.
Esa situación hay que ponerla en su contexto, en una China en la que la población de las 55 nacionalidades minoritarias, representa unos 110 millones (2005), frente al total de los 1.315 millones de ciudadanos de la República Popular, con una presencia de los Han (los que realmente se consideran chinos), equivalente al 91 por ciento.
De esas 55 nacionalidades minoritarias, las de mayor peso tanto demográfico como sobre todo territorial son los uigures, con unos diez millones, los tibetanos con 5,5, y los mongoles con 6 millones. Con la particularidad de que esas tres etnias representan en torno al 50 por ciento del territorio de China, y con una baja densidad demográfica, constituyen la gran reserva de petróleo, gas, carbón, y grandes cantidades de otras materias primas.
Entre las repetidas 55 nacionalidades minoritarias, los hui y manchues utilizan los caracteres chinos para escribir, en tanto que las 53 restantes tienen sus propias escrituras, para lo cual, desde 1950, el Gobierno de Pekín organizó un grupo de expertos a fin de ayudar a la creación y perfeccionamiento de la expresión escrita.
En la vida política, se garantiza el uso de los idiomas más hablados, y en las reuniones oficiales importantes, y se cuenta con servicios de interpretación simultánea de los siete idiomas principales, en los que también se publican las leyes estatales y los documentos oficiales más trascendentes.
En la modernización de la unidad de la República Popular han desempeñado papeles importantes tres temas que señalamos a continuación:
1)
El factor geografía.
Al este de la República Popular, la frontera es el océano Pacífico, y al norte el desierto, en tanto que los límites al oeste y al sur son altas cordilleras. En tales circunstancias, las economías regionales muestran tendencia a converger entre sí.
2)
La larga historia de unificación.
China es un país unificado desde hace casi tres milenios, de cuando la dinastía Qin. Y en los últimos 800 años, en contraste con la tendencia europea de que los grandes imperios de otro tiempo se dividen en naciones, China mostró una tendencia a la unificación, más fuerte que nunca, a través de las últimas dinastías Yuan, Ming y Qing. Debiendo señalarse que las dinastías Yuan y Qing fueron establecidas por los mongoles y manchues respectivamente, dos pueblos foráneos que sin embargo promovieron la unificación de China.
3)
El núcleo de estabilidad de los Han.
Sus antepasados se llamaban
Hua,
y los otros pueblos periféricos se conocían como
Yi.
Hua significaba
los hombres civilizados del país central,
y Yi los
hombres salvajes de la periferia.
Una idea que se prolongó de generación en generación, configurando fuertes diferenciaciones entre Hua y Yi, sin que los Hua fueran una adscripción étnica, sino cultural. Así las cosas, la población Hua fue aumentando, hasta convertirse en el núcleo mayor y aglutinante frente a los Yi. Y desde la dinastía Han (202 a. de C./220 d. de C.), los pueblos periféricos llamaron Han a los que viven en el país central, dejando de usarse la denominación anterior Hua. Durante más de dos milenios, los Han han seguido absorbiendo a los pueblos periféricos hasta alcanzar un porcentaje del 91 por ciento de la población total de la China de hoy.
En las tres nacionalidades territorialmente más importantes ya mencionadas, hay tendencias más o menos amplias en pro de una mayor autonomía, o incluso de la independencia. En el caso de los mongoles, esas características son menos intensas, por su larga historia de relación con los chinos propios, como ya se ha destacado, hasta el punto de haber habido una potente dinastía mongola.
Los tibetanos, ya se sabe, tienen una fuerte personalidad que actualmente transmite al mundo entero el Dalai Lama. Y aunque el progreso del Tíbet es evidente, y los Han son todavía minoría, en el último año ha habido fuertes manifestaciones para tener una vida propia sin imposiciones permanentes desde fuera.
Los uigures son menos conocidos en el resto del mundo que los mongoles o los tibetanos, y son más diferentes que los demás ciudadanos chinos por su vida religiosa musulmana. Además el trato que han recibido suscita muchas dudas sobre la pretendida igualdad de todos los chinos ante la ley. Por eso, el brote de violencia en Xinxiang debería servir a las autoridades de Pekín, no para reprimir más, sino para estudiar los problemas de una integración satisfactoria para ambas partes. Adicionalmente, China, ya una gran potencia, no puede permitirse andar a tiros con sus poblaciones, creando una sensación de malestar internacional que podría volverse contra las indudablemente buenas intenciones del Gobierno de Pekín en tantas otras manifestaciones. Sin olvidar que si los pueblos periféricos de la República Popular quieren más libertades, también hay muchos millones de Han que buscan la democracia.