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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
10-07-09 Nº 3.927 Año XI
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Ya vuelve la Reina donde solía

Jaime Peñafiel

La Reina Sofía ha vuelto, esta semana, a donde solía de pequeña: a la arqueología, visitando Atapuerca.

Juan Luis Arsuaga, uno de los directores de las famosas excavaciones, se ha sentido impresionado por el enorme interés y el caudal de conocimientos de la soberana sobre temas arqueológicos. Natural habiendo nacido en Grecia.

Tanto es así que, junto a su hermana la Princesa Irene y su profesora Theofanos, trabajaron en numerosas excavaciones que dieron como resultado dos libros: Miscelánea arqueológica y Cerámica en Decelia, que hoy son toda una joya bibliográfica. Siempre que voy a Atenas los busco en la librería de viejo, e incluso he intentado hacerlo en internet.

El admirado Arsuaga debió saber que la Reina es una mujer muy culta. Posiblemente, la más culta de todas las reinas europeas. Tanto como lo fue Isabel de Bélgica, abuela de Balduino. Con decir que, siendo muy joven, ya leía a Platón cuando las niñas de su misma edad se entretenían con los cuentos de Andersen. Su pasión era ya entonces la música y de ésta, las composiciones de Bach.

Volviendo a la arqueología, feliz se sintió cuando, a principios del pasado año 2008, visitó la Necrópolis de Sakara y la famosa pirámide escalonada durante su viaje a El Cairo.

El entusiasmo fue grande cuando pudo descender, a 25 metros, para conocer la tumba de Nefer.

El egiptólogo profesor Zahi Hawass confesó que la Reina le había exprimido como un limón con sus preguntas. Estoy seguro que antes de viajar a Egipto se había documentado, hasta la saciedad, sobre lo que iba a visitar.

Este columnista, que ha realizado infinidad de viajes con ella, formando parte de su séquito informativo, puede dar fe de la cantidad de libros que suele llevar y que devora mientras vuela. Quienes la conocen saben que es mejor estar preparado si te toca informarle sobre algún tema por árido que sea.

Doña Sofía era una niña tan inteligente que el profesor de griego de la escuela a la que asistía le pidió no siguiera asistiendo a sus clases porque le corregía continuamente su griego e insistía en que pronunciaba mal todas las palabras, como reconoce su madre, la Reina Federica, en sus Memorias.

Entre las anécdotas que la soberana Elena recuerda, hay una que retrata perfectamente a su hija: "Durante sus estudios de puericultura tuvo que hacer un curso de psicología infantil. Un día, cuando el profesor le explicaba a los alumnos que incluso los niños recién nacidos tienen sentimientos eróticos, Sofía le replicó: 'Me gustaría saber qué bebé le ha contado a usted ese cuento'".

Un mucho sabionda sí que era. Incluso una niña repelente. También extrovertida, curiosa y preguntona. Lo sigue siendo.

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