Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
03-07-09 Nº 3.920 Año XI
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Garoña, ¿una decisión asumible?

Primo González

Quien más cosas tenía que explicar a la hora de informar sobre el cierre de la central nuclear burgalesa de Santa María de Garoña era el titular de Industria, no en vano es el responsable de los asuntos energéticos y además sintoniza más con el realismo industrial y energético que con la parafernalia ecologista. La papeleta era pues bastante difícil. Sebastián ha despachado el expediente de explicar el cierre prematuro de Garoña (año 2013) con una larga y brillante frase: "Es políticamente coherente, laboralmente responsable, técnicamente justificable y energéticamente asumible".

Lo mismo podría haber empleado idénticos términos pero a la inversa, ya que la única coherencia política que se conoce es la del programa socialista para las últimas elecciones generales, en donde también cabía una interpretación diametralmente contraria. Pero, en todo caso, parece que existen en el socialismo español corrientes muy poderosas que piensan lo contrario, de modo que la "coherencia" no deja de ser meramente anecdótica y posiblemente reductible a una sola persona, Rodríguez Zapatero, rehén de sus prejuicios.

El grado de responsabilidad laboral que ha mencionado el ministro está, en todo caso, por ver. Bien es verdad que el empleo palidece en importancia ante una decisión estratégica de ámbito nacional como es la decisión de mantener o cerrar una planta nuclear. Quizás el ministro alude al futuro empleo que piensa encontrar a la mayoría de los empleados de la planta, lo que no deja de ser un futurible. Al tratarse de un lugar poco poblado, la zona de Garoña ofrece modestas expectativas de empleo, lo que significa que sólo con fuertes subvenciones se podrá afrontar este compromiso de continuidad laboral. Hay, no obstante, un sector de los profesionales de la planta que, por razones obvias (técnicos nucleares) tendrán que buscar acomodo muy lejos de Garoña. Por fortuna, no carecen de alternativas ya que hay una decena de plantas nucleares más en España.

Menos sólido aún parece el argumento de "técnicamente justificable", ya que el dictamen previo de la Comisión de la Energía (CNE) dejaba bien claro que la planta de Garoña (que en toda caso será la primera plantea nuclear española que entra en la madurez, 40 años) está perfectamente capacitada para seguir diez años más. Desperdiciar seis años de garantía en una planta eléctrica que ha resuelto en los últimos ocho lustros todos los requerimientos técnicos parece un desperdicio poco responsable. Montar una planta nuclear es una decisión compleja en cualquier parte, dadas las exigencias de emplazamiento y, particularmente en España, la intensidad de las quejas populares, que no sólo han mostrado una gran eficacia a la hora de vetar emplazamientos nucleares (tanto de plantas eléctricas como de "cementerios" de residuos, como estamos viendo en Guadalajara últimamente) sino incluso modestos pantanos, imprescindibles para la regulación del agua para fines tan humanitarios como el riego y la alimentación humana. España no tiene muchos emplazamientos aptos para instalaciones nucleares. Condenar en la práctica el de Garoña es posiblemente una decisión de la que acaso tengamos que arrepentirnos en el futuro.

Por último, Sebastián encuentra "asumible" el cierre. Es ciertamente reducida la aportación de Garoña al suministro eléctrico del país, apenas un 1,5% en el mejor de los casos. Ahora mismo, con una caída de la demanda del 8%, España no lloraría la parada plena de Garoña. En el año 2013 está por ver. Los adversarios de la energía nuclear afirman con frecuencia que las demás energías renovables (eólica, solar,...) están registrando crecimientos que compensan el cierre de las nucleares, no sólo de Garoña sino de los otros ocho grupos en actividad, cuyo permiso de explotación debería ser analizado en el curso de los dos próximos años, de forma que Zapatero tiene en sus manos la parada de toda la industria nuclear en un plazo bastante breve.

Garoña ha sido posiblemente sólo un ensayo, pero lo que con frecuencia se omite en el caso de las energías alternativas a la nuclear es el coste. No ha habido por desgracia un debate clarificados sobre los costes reales de las diferentes fuentes de energía en España. Los costes son bastante menos inocentes de lo que a menudo se dice. Prueba de ello es el trabajo que el propio Sebastián está desarrollando en su Ministerio de Industria para poner orden en un sector, el de las energías renovables, desarrollado a golpe de subvención y primas de producción, un asunto sobre el que nadie parece querer ejercer un necesario ejercicio de transparencia.


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