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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
03-07-09 Nº 3.920 Año XI
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Fascismo educativo

Daniel Martín

Antonio Sánchez Orantos es uno de los mejores profesores de filosofía que he conocido. Padre claretiano, de cultura enciclopédica, escribe unos resúmenes de calidad excelsa, sobre todo por su concisión y claridad. En España no hay ningún libro de texto, escolar o universitario, que muestre tan bien contenidos filosóficos. Pero como el padre Sánchez Orantos no tiene el doctorado, no le está permitido dar clase en un Master. Buen sistema éste.

Pero si traigo a colación a Antonio Sánchez Orantos no es por la injusticia que se comete con él en cuanto a su capacidad de asomarse como profesor a cursos de postgrado. Este maestro y filósofo siempre afirma que para comprender bien una época histórica hay que conocer a fondo su sistema educativo, a la postre una ventana privilegiada para mostrar las virtudes y los defectos de cualquier sociedad y su correspondiente estructura y funcionamiento políticos.

Esta lúcida idea aplicada a las democracias occidentales demuestra que comienzan a hacer aguas desde que a sus escolares no les exigen nada y les enseñan aún menos. Democracias así alimentadas con sujetos sin conciencia ni capacidad de reflexión, borregos antes que seres humanos.

Aún más revelador y provocador resulta la idea de Sánchez Orantos si nos ponemos a pensar en la nueva vuelta de tuerca que se ha dado en Cataluña a un sistema educativo que ha aprobado casi el 90% de su parlamento autonómico. No hay que olvidar jamás esta abrumadora mayoría porque muestra hasta qué punto la Comunidad Autónoma será la primera en dejar de serlo para convertirse en algún ente abstracto, sin duda asociado a España y Europa de maneras menos beneficiosas para su ciudadanía que las actuales.

Así, el 90% de los políticos catalanes ha considerado conveniente que en la escuela sólo se den dos horas de castellano a la semana en lugar de tres. La educación será en catalán para así diferenciar a su nación y separar a sus estudiantes de las casi 500 millones de personas que hablan español en el mundo. Siempre se ha dicho que los catalanes eran muy inteligentes en los negocios. Ya no. Ahora quieren ser provincianos y, a costa de su propia capacidad de entendimiento con el resto del planeta, incidir en su hecho diferencial.

Ya he escrito alguna vez que la dicotomía entre dos o tres horas es una gilipollez. En cualquier caso es una minucia. Los chavales que dan dos o tres horas de inglés o francés a la semana al final no saben nada. En Cataluña, desde hace tiempo, aquellos escolares que no hablan castellano en sus casas no son capaces de construir frases coherentes en el idioma común a todos los españoles. Enhorabuena, señores nacionalistas. Así se comienza a construir un buen aislamiento separatista. Al final estos chavales considerarán al resto de los españoles como extraños, como extranjeros.

Una vez descartada cualquier ventaja lógica del aprendizaje en catalán a costa del idioma español, está claro que esta medida tiene claros matices nacionalistas. Catalonia is not Spain, que es lo que suelen decir cuando viajan allende sus fronteras y en muchas de las casi 50 "embajadas" que tienen por todo el mundo. El nacionalismo, en la Europa del siglo XXI, es un anacronismo. Pero bien vale el poder en una Comunidad Autónoma, potencial nación independiente.

Pero, siguiendo ahora con el razonamiento del buen Antonio Sánchez Orantos, la educación en catalán destapa qué se esconde detrás de esta política educativa. Con modos similares a los totalitarismos del siglo XX, a través del catalán se alecciona a los muchachos para que no hablen el idioma oficial de su país y sí el de la futura nación que quieren construir. Si a eso se une Els segadors y la Senyera, tenemos claros elementos de un sistema claramente fascista. No hay libertad para estudiar de otro modo.

Pero, repito, el 90% del parlamento catalán, democráticamente elegido, apoyó este aislamiento idiomático. Lo más terrible es que muchos medios de comunicación han empequeñecido esta medida y casi todos se darían con un canto en los dientes si se consiguiese la tercera hora de castellano, que siempre se daría con los métodos de una lengua extranjera.

Sí, se aprende mucho de una sociedad, de un país y de una época a través del conocimiento de su sistema educativo. No sé dónde quieren ir los catalanes, pero está clarísimo que sus políticos recurren a medidas fascistas para acrecentar su condición nacional. A costa del interés general y de la libertad. El despotismo de la cerrazón nacionalista no tiene límites.

dmago2003@yahoo.es

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