Anoche el presentador del telediario de Cuatro, Iñaki Gabilondo, le afeó al Gobierno su política informativa por haber hecho coincidir el cese del jefe de CNI, Alberto Saiz, con la buena noticia de la recuperación del empleo en el mes de junio diciendo que al Ejecutivo le falla la propaganda, y les recordó como otro fallo imperdonable la filtración de la lista de la última crisis de Gobierno en coincidencia con la primera foto de Zapatero con Obama. Ya sabemos que Gabilondo es PSOE y periodista gubernamental -se dice que gracias a él llegó su hermano al Ministerio de Educación-, pero este celo y empeño por velar por el interés y la imagen del Gobierno resulta un tanto grotesco porque, lejos de ser una crítica constructiva, se convierte en un simple asesoramiento de la Moncloa, evidenciando hasta qué punto le molestan, al presunto periodista, estos errores del aparato de propaganda que a lo mejor le gustaría dirigir él mismo, quizás como ministro portavoz.
La verdad es que la nueva etapa televisada de Gabilondo tiene sombras y luces. Sombras por su empeño de editorializar con soflamas muchas veces iracundas, y casi siempre contra la oposición del PP, que recuerdan rezos y sermones más propios de un fanatismo religioso que de un analista de la información. Aunque desde luego no llega a los niveles de agresión de ese enloquecido locutor de la COPE, el mandril Jiménez Losantos, que ya está a punto de abandonar la cadena episcopal con un sinfín de demandas y de condenas a sus espaldas por sus insultos a micrófono abierto, después de una temporada de burda y descarada manipulación política e informativa.
Sin embargo, e informativamente hablando, el telediario de Cuatro es el mejor editado e informado de cuantos se emiten en España, con excepción hecha de los grandes debates electorales o ideológicos, donde siempre se les ve el plumero a favor del Gobierno y de Zapatero. O cuando ocultan algo tan flagrante como la discriminación y marginación de la enseñanza en el idioma castellano, la lengua oficial del Estado, en Cataluña. Algo sobre lo que Iñaki Gabilondo -ni su hermano el ministro- no dicen ni pío a pesar de ser un asunto que viola la Constitución y afecta a las libertades públicas y a los derechos fundamentales de las personas y las familias.
Una cuestión esta del idioma castellano en Cataluña que el diario
El Mundo
de Pedro J. Ramírez ha tomado como bandera de su crítica al Gobierno, al PSC y al nacionalismo, para reivindicarse como diario conservador afín al PP pero en la que siempre salva a Zapatero. De manera que si Bárcenas no dimite de sus cargos en el PP, para
El Mundo
la culpa es de Rajoy. Pero si el PSC-PSOE aprueba una ley en la que se entierra en Cataluña al idioma castellano, la culpa será de Montilla pero nunca de Zapatero, que siempre está protegido por el director del diario. De la misma manera que bajo su paraguas protector también se cobija María Teresa Fernández de la Vega, la vicepresidenta que apostó por Saiz para que siguiera al frente del CNI, y a la que no se le ha pedido la dimisión como consecuencia de todo lo que ha ocurrido con el jefe de los espías.
Y si nos vamos al diario
El País
veremos que este periódico ha inventado la noticia sin novedad, porque cada dos por tres repite, como un autoplagio y a toda página, sus informaciones sobre el 'caso Gürtel' del PP sin aportar nada nuevo y con la sola y pobre intención de mantener viva la presión contra el primer partido de la oposición. Obsesión del rotativo que podría responder al pago de los favores que recibe su empresa del Gobierno y que no se corresponde con la que debe ser función primordial de los medios en una democracia, que es la de contrapoder del Ejecutivo, y no precisamente de la oposición.
Pero tal y como nos lo muestra Gabilondo al atardecer, de lo que se trata es de salvar a Zapatero y disfrutar, en lo que se pueda, del control del poder. Otra cosa es lo que Gabilondo, Cebrián, Pradera y González puedan decir de Zapatero en privado -seguramente poniéndolo a escurrir-, que es lo que deberían de decir en público. Pero eso, ya lo sabemos, es mucho pedir.