Ya nadie lo dudaba. Y no porque, como se ha dicho, el programa electoral del PSOE obligara al menos a fijar una fecha para el cierre de la central nuclear de Garoña, sino por el talante del presidente del Gobierno, que tiene que ir atisbando por ahí rasgos de progresismo como brotes verdes, y porque el tipo de apoyos, minoritarios y comprometidos, que ha decidido negociar hasta las próximas elecciones lo recomendaban. La central se cerrará en el 2013 tras una pequeña prórroga obligada por las circunstancias a pesar de los criterios técnicos y de la necesidad de plantearse seriamente la producción de energía en España como una de las cuestiones fundamentales para enfrentarnos a las deficiencias que ha puesto de relieve la crisis económica.
No son los criterios técnicos los que han servido para tomar esta decisión, porque la seguridad y el buen funcionamiento de Garoña están acreditados. Tampoco la oposición de la zona en la que está instalada, que más bien se ha puesto del lado de los trabajadores de la central, que veían peligrar unos empleos que ahora tienen fecha de caducidad. El Gobierno de Castilla y León aseguró ayer mismo que seguirá reclamando que se mantenga en funcionamiento. No ha influido, desde luego, un determinado planteamiento gubernamental para la eficiencia energética, que necesariamente tendría que incluir la energía nuclear. Ni lo demandan imperiosamente en el partido gubernamental, en el que cada vez hay más voces críticas con este tipo de gestos y decisiones, por mucho que el presidente aluda a que algunos de ellos apoyaron la moratoria nuclear. Esto es más que moratoria, no hay duda, y la rectificación de quienes han reflexionado o se han dado de bruces con la realidad tampoco sería un mal punto de partida para las cavilaciones del presidente.
Se trata, por tanto, de un criterio político anclado en el pasado, una cierta visión antigua del ecologismo que está ya desechada en la mayor parte de los países que defienden la energía nuclear como un requisito económico y estratégico. Se diría que a ciertos sectores de la derecha les parece que el presidente Rodríguez Zapatero es más de izquierda que la media por el efecto de estar desacostumbrados. No es que sea más de izquierda, sino que sus anclajes con la izquierda son los más antiguos posibles, los más arcaicos, los que creían que ya estaban desechados en unos planteamientos ideológicos más próximos a los matices que a los dogmas. Aquí se toma la decisión de anunciar la fecha del cierre de la central de Garoña porque hay que retomar ese tipo de respiración para complacerse a sí mismo y mirar con simpatía a ciertas minorías al mismo tiempo que se da a conocer que la electricidad subirá de precio y que los bonos sociales son apenas unos céntimos.
Cuando el país necesita cirugía se le proponen cremas cosméticas. Dan la sensación de ser más de..., pero por dentro todo se va pudriendo.