Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
25-06-09 Nº 3.912 Año XI
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Teherán hace de la noche una pancarta

José Javaloyes

Consumada la farsa electoral con la designación de Ahmadineyad como presidente del Gobierno en la enturbantada "monarquía" islámica de Irán, todo está dispuesto allí para que se levante el telón sobre la escena de las muy empeoradas relaciones de Teherán con el mundo occidental, especialmente con Gran Bretaña y Estados Unidos. Y no es sólo porque habrá llegado la hora de vestir al maniqueo; también, para construir una escolástica nacionalista montada sobre la premisa de la conspiración extranjera contra los iraníes. Ese, y no otro, es el discurso que se preconfigura, desde el poder y para el pueblo iraní. Podrá durar una larga temporada, e incluirá estructurada crítica contra las democracias occidentales, como instrumento -dirán- del sionismo y el imperialismo...

Ningún valor más inconveniente para el fanatismo islámico-nacionalista que el valor de la libertad política en todas sus expresiones y, por ende, el de la libertad social, por opuestas ambas a la preceptiva coránica reconstruida por quien ocupa la cima del sistema y pretende llegar más allá de donde lo hizo el ayatolá Jomeini que lo fundó. Pero lo que posiblemente no han evaluado los responsables de la represión contra las protestas, por el gigantesco fraude electoral cometido por los recalcitrantes del "jameneísmo", es el coste de la deslegitimación popular en que se ha incurrido para que el aliado de Hugo Chávez permaneciera una legislatura más al frente del Gobierno. Lo que queda de camino para conseguir el arma nuclear amenaza con ser recorrido entre tensiones internacionales de todo orden; tensiones que agudizarán más aun, si cabe, la crisis crónica de las relaciones entre Irán y Occidente.

Llegado el momento, parece ser regla de oro en toda dictadura el establecimiento de una tensión dialéctica especialmente exacerbada entre nacionalismo y libertades políticas, por contraponerse la idea autoritaria, estribada en la prioridad de supuestos intereses nacionales, al ideario de las libertades individuales, descalificado por supuestamente incompatible con la solidaridad y la "renuncia patriótica". Tales consideraciones son las que laten en el actual "jameneísmo", establecido en Irán con la complicidad partidaria del Consejo de la Revolución, pues éste se ha plegado al dictado del Guía Supremo de que la victoria electoral sea atribuida al caricaturesco Ahmadineyad. Una acémila política sin sombra de matiz alguno.

La compacta ocupación de las calles de Teherán por las policías y fuerzas parapoliciales segregadas desde la doble dictadura -política y social- del Líder de la Revolución, las mayorías de la protesta y el desafío contra el abuso instituido y constitucionalizado, se refugian llegada la noche en las azoteas y elevan al cielo los gritos de "Abajo Jamenei" y "Alá es el más grande", fustigando así la doble impostura del tirano al que mutiló una bomba durante un atentado. Son ahora los reencuentros -a salvo de esbirros y matones- de la disidencia y la resistencia en una segunda fase del asalto popular a la República Islámica de Irán. Muy a lo lejos, junto al Potomac, el presidente Obama se estará preguntando una y otra vez por qué no se ahorró su oferta de paz a un régimen -devenido tiránico- que se encuentra, más que en fase menguante, sumido ya en el fondo mismo de su ocaso. A la espera quizá de que un general le desconecte el respirador.

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