Desde el pasado martes y hasta mañana viernes 26 de junio tendrá lugar en Bruselas la "Semana Verde" de la UE, en la que bajo el lema "Actuar y adaptarse" se producirán una serie de actividades todas ellas relacionadas con el cambio climático.
El edificio Charlemagne de Bruselas recogerá a unos 3.500 participantes procedentes de instituciones comunitarias, la industria, el comercio, organizaciones no gubernamentales, y autoridades públicas, de la comunidad científica y académica.
Todas las sesiones que tienen lugar durante estos días están estructuradas en relación a cuatro temas fundamentales: las políticas climáticas de la UE; la dimensión internacional; vivir con el cambio climático; y la visión del 2050, como una sociedad libre de carbono.
En el fondo del debate están las perspectivas de un acuerdo en la Conferencia de Copenhague del próximo diciembre, en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuya importancia ha sido destacada por el comisario de Medio Ambiente, Stavros Dimas, al afirmar que "puede pasar a la historia como clave en la lucha para impedir que el cambio climático alcance niveles peligrosos, causando estragos a gran escala en la población".
En ese sentido, cabe destacar que en las Conclusiones de la Presidencia del Consejo Europeo de la pasada semana, "la consecución de un resultado satisfactorio y ambicioso en Copenhague" ocupa buena parte del interés mostrado por los líderes europeos en el importante apartado dedicado al cambio climático y desarrollo sostenible.
Para lograr ese positivo resultado en diciembre, la UE reconoce que ha intensificado su diálogo bilateral sobre cambio climático, y que mantiene su compromiso de reducción de un 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero antes del 2020, con respecto a los niveles de 1990, siempre y cuando otros países desarrollados se comprometan a reducciones semejantes de sus emisiones.
Además, el Consejo Europeo va más lejos y habla de financiación al refrendar las conclusiones del Consejo del 9 de junio en las que se afirma que todos los países, excepto los menos desarrollados, deben contribuir a la financiación de la lucha contra el cambio climático en los países en desarrollo. En ese sentido, fuentes comunitarias apuntan a que la inversión neta adicional anual para reducir las emisiones mundiales tendría que alcanzar en el 2020 los 175.000 millones de euros.
En cuanto a los principios básicos de esa contribución económica, según las Conclusiones de la Presidencia citadas, "deben ser la capacidad de pago y la responsabilidad de las emisiones", si bien, como se recoge en una nota a pie de página, "ello se entiende sin perjuicio del reparto interno de la carga de la UE, que se determinará con la suficiente antelación a la Conferencia de Copenhague". Nota que hizo posible que Estados miembros como Polonia -con alta dependencia del carbón- aceptaran esos principios como válidos.
La próxima Presidencia Europea, liderada por el primer ministro de Suecia, Fredik Reinfeldt, ya ha dado muestras más que evidentes de situar al cambio climático como "máxima prioridad" para su mandato. Y en ese sentido, el Consejo Europeo celebró la intención de ésta de desarrollar un programa de trabajo que permita llegar a las reuniones internacionales preparatorias de la Conferencia de Copenhague con las decisiones internas de la UE ya tomadas.