Los récords, hasta los más extraordinarios, tienen fecha de caducidad. Lo penoso es que los conseguidos por la selección española de fútbol no han tenido más larga continuidad. Estados Unidos no dio sólo la gran sorpresa, sino la campanada.
Nadie en el mundo del fútbol podía presuponer que España perdiera en la semifinal de la Copa de Confederaciones. El equipo jugó a su aire, a su manera ya tradicional, tuvo más posesión de balón, atacó más y disparó más a gol. Y perdió.
Vicente del Bosque, en el segundo tiempo, trató de dar más aire al equipo y recurrió a Cazorla y Mata y no fue suficiente. Tras el descanso se pensaba que la selección reaccionaría y enmendaría el resultado negativo del primer tiempo y no sucedió.
Estados Unidos no se acomplejó ante España. Recientemente se jugó un partido amistoso y solamente se le ganó por 1-0. En 1950, en el Mundial de Brasil, se remontó el partido y se acabó ganando por 3-1. Ayer no fue así.
En la segunda mitad, otro contraataque mal defendido permitió a los estadounidenses aumentar su diferencia. El 0-2 pareció un imposible. No arrojaron la toalla los españoles, pero continuaron careciendo de claridad en el momento decisivo.
Ni siquiera Villa estuvo acertado en el remate a gol. Él y Torres no hallaron la posición idónea para el remate. En demasiados minutos se abusó del juego por el centro del ataque, donde se chocó con la ordenada zaga norteamericana.
Faltó mayor precisión por la bandas, aunque Capdevila y Ramos, especialmente éste en el segundo periodo, cumplieron el papel de teóricos extremos.