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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
24-06-09 Nº 3.911 Año XI
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En Irán se acaban los puentes

José Javaloyes

"No es nada lo del ojo" -decía-, y lo llevaba en la mano. No se anularán las elecciones -concluye el Consejo de Guardianes de la Constitución-, porque una sobrevotación de tres millones de sufragios, advertida en un conjunto de 50 ciudades, no es "irregularidad grave". Así van las cosas todavía en Irán pese a lo que ha caído ya en las calles. Están frescos quienes esperen que las burradas sistémicas del "jameinismo" desaparezcan por sí solas; es decir, sin el concurso de la heroica presión en la calle. O sea, sin la sangre derramada por las distintas policías y los basiyis, las hordas parapoliciales que un día se inventó el tenebroso Líder Supremo de la reacción establecida.

Vamos a esperar ahora a ver de qué forma responden los reformistas y de qué manera lo hace la calle. Lo más previsible es que los aperturistas insistan en su pretensión de que sean declarados nulos los resultados, y que las manifestaciones vuelvan a las calles; aunque no sería de descartar que la resistencia callejera cambie de modos de expresión y de estrategia en sus comportamientos. Sería distinta también la estrategia de la represión y el menester de las distintas policías con las que se encuentra el régimen internamente acorazado.

Lo que cabría denominar "represión cualitativa", la que se aplica a las minorías dirigentes y disidentes, merece consideración aparte. Del estalinismo beato de Jameini cabe esperar cualquier cosa. La purga política pudiera acompañar ahora a la represión en la calle; una purga que, siguiendo con las detenciones policiales ya comenzada en los estratos inferiores, se reoriente y amplíe a los niveles más altos del sector aperturista del régimen... Incluyendo en este capítulo, por economía de escándalo, los confinamientos domiciliarios de aquellos de más alto rango, desde el propio Musavi a los ex presidentes Jatami y Rafsanyani.

Bloqueado el puente arbitral del Consejo de Guardianes -que ha reconocido el fraude electoral pero que no lo ha valorado en su genuina condición, para que prevaleciera el dictado de Jameini- y disparados exponencialmente los horizontes de la protesta y de la resistencia, queda ya un solo árbitro en la escena. El árbitro de las Fuerzas Armadas, el juicio dirimente del Ejército. Igual ahora que hace tres décadas. Los militares iraníes se pusieron entonces del lado de la calle; o sea, frente al poder que representaba el sah y que actualmente tiene el rostro del Líder Supremo. Hace 30 años se vino abajo una autocracia política. Treinta años después, lo que tienen enfrente los generales es una teocracia autocrática en lo político y en lo social.

Es de suponer que los despliegues policiales se hayan preparado hasta en los últimos detalles para el momento en que anunciara lo resuelto por el Consejo de Guardianes. Y que, de parecida manera, se haya dispuesto la artillería propagandística del sistema, tras del prólogo ya cursado de las acusaciones contra Estados Unidos y la Gran Bretaña, como instigadores y responsables de las revueltas callejeras; todo, además, en las sabidas y tópicas claves nacionalistas, de las que se valieron para socavar psicológicamente el régimen del sah. La pregunta sería la de si es eso del nacionalismo o la libertad, política y social, lo que más interesa en estos momentos a los iraníes.

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