Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
24-06-09 Nº 3.911 Año XI
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Mujericidio vil

Patxi Andión

La sociedad civil se pregunta porque buenos hombres, al menos en apariencia, se despechan de tal modo que se despeñan en el abismo de la violencia, se abandonan a sus instintos más despreciables y ciegos de fracaso y soberbia, se ceban en lo que era su objeto de deseo y se supone que sigue siéndolo y lo torturan y destruyen con la más fiera determinación y alevosía.

Está muy bien eso de violencia machista, porque obvia la referencia humana al asesino, le quita lo que pudiera quedarle de ser superior y le hunde en el pozo de los depredadores carroñeros. El hombre que maltrata a una mujer, por hacerlo, deja de serlo radicalmente, puede que siga siendo macho, lo que también se duda, pero ya no es hombre aunque lo parezca.

Lo que también parece es que las otras sociedades, la gubernativa, la legislativa y la judicial, no logran articular respuesta al asunto y se bambolean entre las quejas y las promesas mientras tipos enfurecidos y descontrolados matan a sus mujeres, por haber dejado de serlo o simplemente bajo esa posibilidad. ¡Cuánta ceguera!

En la pasada semana, cuatro mujeres han muerto bajo las garras de sus ex. Cuatro mujeres que seguramente, antes de eso, llevaban soportadas vejaciones sin cuento. No valen distinciones ante la muerte, ni siquiera por la clase de muerte, todas ellas son la misma y dejan al ser humano en cadáver de igual valor, pero no todas duelen lo mismo, cada muerte lleva aparejada su estela viva, la de los otros que se quedan sin el que se va o, simplemente, la de aquellos que tienen noticia del caso y se sienten y lo sienten en él. De la misma manera que se pueden sentir de diferente forma distintas muertes, también se puede sentir de diferente forma la misma. Porque las circunstancias no son sólo asunto judicial, también es, como en el caso que nos duele más, asunto civil, social.

De todas las mujeres asesinadas por sus, otrora, amantes, las que más duelen son aquellas mujeres que a su condición de víctimas de esa violencia suman la de inmigrante. Las mujeres inmigrantes son muchísimo mas vulnerables. Acudir a las autoridades en busca de protección cuando no se tienen papeles en regla se convierte en una tarea impensable, incluso contando con documentación en regla; se trata de acudir a la justicia de un país que no es el de uno, que puede, además, estar agravado por dificultades lingüísticas y sobre todo culturales. Las mujeres inmigrantes vienen de sociedades en desarrollo donde aún se lavan esas cosas en casa, como aquí hasta hace muy poco, lo que les condena a una discriminación mayor. Sus agresores lo saben, la sociedad civil del inmigrante se suele reducir al grupo de parientes o amigos que le rodean, acogen y aconsejan. La mujer inmigrante no tiene en la cabeza al defensor de la mujer, ni sabe de discriminación positiva. Aguanta mientras puede y espera con salir de aquello con los menores daños posibles. Hasta que un día muere.

Si todo este mujericidio es por su execrabilidad, tarea propia de la Sociedad Civil, es porque la mayor vileza de las circunstancias le dan mayor protagonismo en el caso de la población inmigrante que cuenta poco con los poderes públicos y confía más en su vecino que en su alcalde. Por eso hay que intervenir más en ello.

Se viene San Juan ardiendo de noche, como gitano nigromante. Junio

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