Los fichajes de Florentino Pérez llevan camino de convertirse en cuestión nacional. Se manifestó en contra el arzobispo de Barcelona, monseñor Lluís Martínez Sistach, y a él se están sumando extraños compañeros de viaje.
Monseñor cuenta con el apoyo de Izquierda Unida, Iniciativa els Verds, PNV, CiU y Esquerra Republicana. La cuestión ha llegado incluso a las Cortes con proposición no de ley incluida, presentada por el catalán Joan Herrera Torres, nieto de deportistas valencianos y republicanos.
En los pasillos del Parlamento español ha habido opiniones que en nada se han parecido a las expuestas por representantes de lo partidos mayoritarios, PSOE y PP.
A los dos grandes les parece que la cosa pertenece al mundo de las empresas privadas. Y por si ello tiene consecuencias electorales, porque los votos madridistas son muchos, se abstienen.
El asunto irá a mayores. El madridismo se sentirá feliz con los jugadores y los proveedores de créditos acabarán teniendo la enemiga de los antimadridistas. El fútbol lleva a situaciones tan ridículas como que en cierta ocasión la fábrica de frigoríficos que patrocinaba al Real Madrid perdió ventas en Cataluña.
Afortunadamente, en los últimos años no se ha llegado a reacciones como ésta y las compañías patrocinadoras de los clubes de fútbol no tienen problemas en ciudades de los equipos adversarios.
Hay madridistas confesos que a la campaña de estos días creen que se unirá la postura bastante generalizada de los años de la primera galaxia, en la que en los estadios se recibía al Madrid con animadversión antes desconocida. El equipo desatará envidias.