La crisis iraní altera en términos muy imprevistos la estrategia que le habían diseñado al presidente Obama para intentar una salida a la crónica ausencia de relaciones diplomáticas normales entre Estados Unidos e Irán. La hiperestesia nacionalista, cuidada con tanto mimo por el régimen de los ayatolás, podría, en pura hipótesis, empeorar las cosas más aún de lo mucho que ya están si la Casa Blanca da un paso en falso en el intento de intervenir en la crisis.
Aunque, en este sentido, ha manifestado que se trata de un asunto interno de los iraníes, ello no ha obstado para que añadiera que "la libertad de expresión debe respetarse en Irán". Es una obligada salvedad y un juicio, además, eminentemente práctico en las actuales circunstancias, cuando es precisamente la libertad de expresión aquello que el régimen iraní se dispone a combatir sometiendo al silencio a los medios, al retirar licencias y permisos para informar a los colegas extranjeros que se encuentran allí.
Los milicianos de Ahmadineyad, que causaron el lunes siete muertes y un número indeterminado de heridos entre los militantes y seguidores del reformista Musavi, verán crecida su impunidad si los informadores son apartados de su función, no sólo en Teherán sino también del resto de las principales ciudades iraníes a las que se han extendido. Sin embargo, sabido es, el propósito de bloquear la información en todo el país tiene mucho de la idea de poner puertas al campo.
Quien sí ha tenido reflejos y oportunidad de mostrarlos ha sido Dimitri Medvedev, el presidente ruso, al negarse a la pretensión de Mahmud Ahmadineyad de tener un encuentro bilateral, de igual a igual, al encontrarse en territorio ruso para asistir como observador a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai.
Ha sido la primera muestra internacional de reserva sobre la condición que realmente corresponde ahora a quien desempeñó la presidencia iraní durante la pasada legislatura. Un gesto, el de Medvedev que, en cierto modo, internacionalmente, avala la pretensión de los seguidores de Musavi, para los que los resultados del escrutinio del pasado domingo sean nulos de pleno derecho y, en consecuencia, se habrían de repetir las elecciones, algo a lo que se opone el Consejo de Guardianes de la Constitución.
De todas formas, en lo que corresponde a lo que podrían llamarse "tribulaciones" de Obama en la cuestión de Irán, bien pudiera ocurrir, al contrario, que la crisis determine cambios favorables; o que, en todo caso, se altere alguno de los términos de la ecuación. Empeorar la relación no será posible. Las relaciones están a cero y el sistema iraní puede que haya agotado su ciclo al cabo de 30 años.