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09/06/2009
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Zapatero toma nota, Rajoy al ataque

Fernando González Urbaneja

La euforia de los populares es simétrica a la cautela de los socialistas, que ahora insinúan que temían un castigo mayor. Los de Zapatero dicen que han visto la tarjeta amarilla, que han sentido el desafecto de sus votantes menos entusiastas, pero que no perciben trasvase de votos a favor de la oposición, que simplemente se han quedado en casa. En realidad siguen confiando en el azar de que un cambio de coyuntura económica antes del 2012 les permita retener el poder.

Los populares lo tienen más claro, se sienten ganadores y no quieren esperar tan largo como hasta el 2012. Por eso todos los mensajes han sido para sentar las bases para un anticipo electoral. Una ansiedad que puede estar justificada pero que también puede inducir errores estratégicos. Lo escuchado hasta ahora advierte una oposición encorajinada, decidida a hacer muy difícil la vida al Gobierno y a no tolerar la menor crítica. Los votos valencianos, donde el PP refuerza su posición, se presentan como absolución y blanqueo de cualquier comportamiento poco ejemplar de los dirigentes populares de esa Comunidad.

Dicen que las victorias enseñan poco, que el aprendizaje se produce en la derrota. Pero en política todo es posible. ¿Están en condiciones de aprender Zapatero y su estado mayor? ¿Van a afinar las estrategias los populares tras el éxito del domingo? La respuesta más probable a ambas preguntas es negativa, ni unos van a aprender, ni los otros van a afinar.

Para los socialistas rectificar, aprender, significa poner patas arriba sus organizaciones en Madrid, Valencia y Murcia, cinco provincias donde los populares les superan por quince puntos (750.000 votos de diferencia en las elecciones del domingo), donde no dan un palo al agua desde hace dos décadas y donde las diferencias se ensanchan. Los gobiernos populares en las tres comunidades autónomas van camino de hacerse tan estables como los socialistas en Andalucía y Extremadura.

Y para los populares afinar la estrategia debería conducirles a ampliar la base por el centro para aspirar a la mayoría absoluta, como el año 2000, sin despreciar alianzas coyunturales con algunos grupos nacionalistas para aliviar tensiones y reforzar las posibilidades de gobierno.

Los populares han deslizado la especie de la moción de confianza para debilitar al Gobierno, sin percibir que semejante insinuación a quien debilita es a la oposición, ya que la lógica de ese tipo de moción no es otra que ganar y ratificar a quien gobierna. La previsible abstención de CiU puede convertir la moción en una baza de los socialistas, ya que se gana por mayoría simple.

La moción de censura, que es lo que está al alcance del PP, único grupo capaz de plantearla (requiere la firma de 35 diputados), significa un procedimiento para llegar al Gobierno y proponer unas elecciones generales desde el poder. Los catalanes de CiU alientan a los populares a la moción, pero advierten que se abstendrían, lo cual reduce las posibilidades de éxito de la oposición.

Si los populares se impacientan y practican una oposición más dura aún que la anterior, pueden correr más riesgo de perpetuarse donde están que si empiezan a actuar con la responsabilidad y generosidad de quien se siente ganador y gobernante.

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