El Partido Popular ha ganado las elecciones europeas por más de medio millón de votos, algo más de tres puntos y dos escaños de diferencia. En relación con las últimas elecciones europeas, las del 2004, la candidatura encabezada por el ex ministro del Interior Jaime Mayor Oreja ha ganado doscientos mil votos, y el Partido Socialista ha visto cómo un millón de sus votantes le han abandonado esta vez.
Planteadas por la dirección del Partido Popular como una segunda vuelta de las generales del pasado mes de marzo y como un ensayo de las generales del 2012, que los dirigentes del PP están convencidos de que tendrán que adelantarse por la debilidad parlamentaria en la que se encuentra el presidente Zapatero, la victoria de Mariano Rajoy -o mejor, la del candidato Jaime Mayor Oreja, uno de los más críticos con el actual presidente popular en el congreso de Valencia y el que más contribuyó a la crisis del PP en Euskadi- ni es tan abultada ni significa nada de cara a unas generales, ya que en los grandes feudos socialistas, especialmente en Andalucía y en Cataluña, la abstención ha sido mayor que en el resto de España.
Simultáneamente, en dos de los principales feudos populares (Valencia y Madrid, a pesar del 'caso Gürtel' y el de los espías de la Comunidad madrileña) la diferencia entre el PP y el PSOE ha sido significativa, especialmente en la Comunidad Valenciana, donde el partido se ha volcado para intentar una especie de reconocimiento e indulto del presidente Camps por el 'caso trajes'.
A pesar de no ser una victoria contundente para el PP, los resultados avalan el liderazgo de Mariano Rajoy y, también, según se ha encargado de recordar desde el balcón de Génova, la estrategia diseñada en el congreso de Valencia, según demuestran los triunfos de Galicia, Euskadi y ahora este último europeo.
Aunque los críticos habían establecido que el liderazgo de Rajoy sólo se consolidaría si los resultados igualaran los que obtuvo Abel Matutes frente a Fernando Morán, durante la presidencia en el partido de Aznar en 1994, y que sirvieron dos años más tarde para la llegada de Aznar a la Moncloa.
En aquella ocasión el Partido Popular le sacó al PSOE un millón seiscientos mil votos, diez puntos y cinco escaños de diferencia.
Un listón demasiado alto a pesar del desgaste del Gobierno y su balance económico, pero con un panorama en el que en l994 no hay ni robo de fondos reservados del Ministerio del Interior, ni crimen de Estado ni por supuesto huida al extranjero del director general de la Guardia Civil Luis Roldan con parte de las comisiones que estuvo cobrando durante toda su etapa.
Rajoy ha ganado, ha salvado los muebles, ha despejado la posibilidad de movimientos internos dentro de su partido para sustituirle, pero su triunfo no le garantiza que pueda ganar unas generales ni estas elecciones sirven como ensayo general de ese tipo de comicios.
Gana Rajoy y pierde Zapatero. Pierde, después de Galicia, por segunda vez unas elecciones; pero ese fracaso no le coloca, ni mucho menos, en una posición política desesperada, ya que el principal problema que tenía -su situación parlamentaria- lo sigue teniendo y la victoria popular no agrava su situación, a menos que se fortalezca un posible eje de cooperación del PP con el Partido Nacionalista Vasco y, sobre todo, con Convergència i Unió.
En el ámbito europeo han perdido los gobiernos que tienen al socialismo en el poder (Gran Bretaña, Portugal y España) y sin embargo han salido fortalecidos, a pesar de la crisis económica, los gobiernos de centro-derecha, cuyos europarlamentarios forman parte del grupo parlamentario popular: Francia, Alemania y, sobre todo, Italia.
España se ha situado en la media de abstención de la mayoría de los países europeos salvo Malta, cuya participación masiva ha sido del 80 por ciento. Y eso que los electores, según los expertos, han votado en clave nacional, para castigar al Gobierno y especialmente su política económica o para darle un voto de confianza al líder de la oposición, Mariano Rajoy, como ha venido pidiendo, convencido, además, de que la próxima estación de su recorrido político es la Moncloa.